como congénere tuyo debo decirte que te equivocas. El miedo es un producto interior, bruto.
3/7/12
señor pestilente
Querido señor Presidente: es usted un hijo de puta. Usted y sus ministros. Por José Luis Sampedro Sáez
José Luis Sampedro Sáez (Barcelona, 1 de febrero de 1917) escritor,
humanista y economista español que aboga por una economía «más humana,
más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los
pueblos». En 2010 el Consejo de Ministros le otorgó la Orden de las
Artes y las Letras de España por «su sobresaliente trayectoria literaria
y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo». En
2011 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas.
Querido señor Presidente: es usted un hijo de puta. Usted y sus ministros.
Se lo digo así, de entrada, porque sé que nunca va a leerme, como nunca
lee usted libros, ni nada más que periódicos deportivos como usted
mismo ha confirmado, jactándose, como buen español de ser un ignorante.
No se engañe, por eso lo han votado tanta gente. Perdonen los demás el
exabrupto, pero es que está demostrado que somos lo que nuestros padres
nos han educado, y si usted y sus ministros son como son, es porque sus
madres muy bien no lo han hecho. A pesar de los colegios de pago, de
pertenecer a la oligarquía de épocas dictatoriales, etc.
Verá
usted, señor presidente. Lo que más me molesta no es que usted sea un
bastardo malnacido, sino un ignorante, y sobre todo un mentiroso. Se
presentó a unas elecciones diciendo que no haría cosas que ahora hace.
Dijo hace tiempo que la posibilidad de una amnistía fiscal le parecía
injusta y absurda, y no ha tardado ni tres meses en recurrir a esta
medida de forma injusta y absurda, como señala el diputado de IU Alberto
Garzón al que usted y sus secuaces ningunean como a cualquier otro que
no sea seguidor suyo. Ésa es la democracia que ustedes entienden,
ignorar a los representantes de la ciudadanía que no les afín. Usted
dijo que la Sanidad y la Educación no se tocaban, y la han tocado pero
bien. A la banca nada, y eso que los grandes expertos en economía
señalan que, o le metemos mano a sus amigos de las finanzas, o nos vamos
a pique.
Le voy a explicar unas cuantas cosas dado que usted
es un ignorante que lee prensa deportiva en lugar de libros de historia,
economía o política. Durante los años 20 hubo gente que tuvo la genial
idea de crecer mucho, por encima de sus posibilidades como ahora tienen
ustedes tan de moda decirnos. Tanto que incluso a Churchill, para salir
de la situación de postguerra, se le ocurrió revalorizar la libra, lo
que trajo bajada de sueldos y aumento de las horas de trabajo. No sólo
no se creció por encima de lo esperado sino que destruyó la posibilidad
de crear un modelo sostenible de crecimiento basado en el consumo, lo
que permite terciarizar una economía y hacerla verdaderamente
competitiva. Eso es ser un país desarrollado y no ganar mundiales de
fútbol. Cuando llegó la crisis del 29 y la posterior recesión mundial en
los 30, en un país tan poco sospechoso de socialista, comunista o lo
que ustedes quieran, como EEUU, decidieron adoptar una cosa llamada New
Deal, que consistió, entre otras cosas, en subir los sueldos y bajar las
horas de trabajo. Como consecuencia, había más puestos de trabajo para
cubrir esas horas de menos, y los que salían de su trabajo lo invertían
en consumo, lo que reactivó la economía y permitió al país dar un
definitivo empujón hacia arriba para salir victorioso de una Guerra
Mundial que libró en tres continentes.
Por si usted no lo sabe,
las medidas que está ejecutando han conseguido lo contrario. Hablo en
pasado porque tal vez no lo sepa, pero no hay nada nuevo en los famosos
"recortes". Argentina, Chile, Polonia, Rusia y así hasta un largo etc de
países engrosan una horrible lista de fracasos de las políticas
neoliberales de Milton Friedman y el Consenso de Washington que desde
los 70 llevan intentando hacernos creer que sumergir a un país en el
shock económico es una salida a la crisis. Jamás las medidas de la
Escuela de Chicago han funcionado. Jamás un país ha salido de la crisis
de esa forma. Jamás una sociedad se ha beneficiado de ello. Por el
contrario, ha generadosuicidios, deterioro del Estado del Bienestar (que
ustedes insisten en decir que se ha terminado mientras vemos cómo crece
y se desarrolla en otros países de nuestro entorno) y ha destruido el
futuro de numerosas generaciones.
Usted miente, señor
Presidente, y es sumamente peligroso. Porque el anterior era un inútil,
pero usted es un pirómano en mitad de un incendio. El otro creía vivir
en el País de las Maravillas y usted nos está sumiendo en el País de los
Horrores. Toda política fiscal que no se base en la generación de
riqueza, toda medida relativa al empresariado que no atienda
prioritariamente a las empresas que cotizan más del 60% de sus ganancias
en forma de sueldos e impuestos en España (y no Repsol, que solamente
invierte un 20% y ahora la defienden como española; hay empresas
extranjeras que reparten más beneficios al conjunto del país), todo lo
que no sea alumbrar un futuro basado en la investigación y no en el
trabajo precario, es destruir el futuro del país. A usted y sus secuaces
se les llena la boca diciendo que hay que fomentar el emprendedorismo, y
en lugar de ello desarrollan un plan basándose en los ideales
especulativos de los dirigentes de la CEOE cuyo historial de empresas
arruinadas por la especulación de la que ellos salen indemnes mientras
el Estado se hace cargo de los parados que dejan es absolutamente
bochornosa. Eliminan de todo plan de emprendedores la posibilidad del
emprendedor social y generan únicamente una nueva casta de tiburones
amparados en una reforma laboral neofeudal.
Ustedes se olvidan
que los países desarrollados como EEUU, Alemania, Francia, etc.,
invierten entre el 2'6 y el 3'4% del PIB en I+D+I. España no sólo
necesita un esfuerzo superior (en torno al 6%) para ponerse a su altura
sino que ustedes nos bajan la inversión del 1'3% al 0'9%. Para
entendernos, usted que sólo lee sobre deportes, es la diferencia entre
inventar un coche, y fabricarlo. Quien lo inventa tiene los beneficios
de todos y cada uno de los coches que se venden. Quien lo fabrica sólo
de las unidades que salen de su fabrica. ¿Dónde se inventan los coches?
En Alemania, por citar un caso. ¿Dónde se fabrican? En España, Polonia o
Rumania. Es evidente de quiénes estamos más cerca, pues. Al darle el
hachazo que usted le ha dado a la investigación nos condena a ser un
país de camareros, portaequipajes, y por supuesto de trabajadores poco o
nada cualificados que trabajemos para empresas extranjeras a sueldos
miserables mientras tenemos la moneda de los países con mejor calidad de
vida. Si seguimos en el euro es para vivir como ellos, no para que
ustedes nos hagan vivir como en Botsuana con precios de París.
Usted nos está suicidando económicamente. Tal vez no sepa quién es Paul
Kruggman, pero es Premio Nobel de Economía. Para él es evidente que
usted nos miente o no quiere darse cuenta de que no estamos ni siquiera
en recesión, sino en fase de depresión, y sus medidas nos hunden cada
vez más. Ha aceptado ser el banco de pruebas del FMI, cuyas medidas ya
arruinaron a varios países, pregunte si no por Grecia o Italia donde
están fracasando estrepitosamente. Usted no le dice a la gente que
estamos metidos en una III Guerra Mundial cuyas armas no son de fuego,
sino que tienen a forma de experimentos socio-económicos, donde los
tanques son agencias de calificación de la deuda, donde los países
utilizan a los ciudadanos para intereses ajenos a estos, y donde, al
final, la gente está muriendo y sufriendo, como en cualquier guerra.
Usted nos dice que es bueno meter a cuarenta alumnos por clase, que es
bueno que haya menos profesores, menos médicos, menos atención
sanitaria, y a veces pienso que simplemente usted es gilipollas, que no
puede ser que actúe con maldad. Y créame, lo sigo pensando. Los malos
seguramente son otros, usted no tiene la inteligencia suficiente para
darse cuenta de todo eso. Sí la tiene, en cambio, para saber que todo
esto puede traer revueltas sociales, agitación en la calle. Por eso va a
aprobar una medida por la cual será terrorismo y condena criminal
resistirse a la voluntad del Gobierno expresada en sus brazos de
coerción, es decir, al policía. Como yo le estoy diciendo esto,
seguramente me acusará de terrorismo por incitar a la gente a decirle a
usted las verdades a la cara.
Señor Presidente, usted no quiere
decirlo porque la Führer Merkel le amenaza desde el IV Reich que se ha
instalado. No es una exageración, oiga, que lo dice hasta el Financial
Times que como todo el mundo sabe es muy de izquierdas sin duda. Estamos
metidos en mitad de una III Guerra Mundial, vuelvo a repetírselo, y no
es una idea únicamente mía, sino de gente de esa que ha estudiado, tiene
doctorados, ha dado clase en varias universidades, ha viajado por el
mundo, ha leído mucho, mucho, habla varios idiomas, ha vivido diferentes
procesos de crisis y recuperación, y a algunos también les gustan los
deportes. Pero también ven que ustedes nos metieron una primera fase de
Movimientos Financieros que ahogaron nuestra economía y ahora nos meten
en una fase de Posiciones para hundirnos en el shock, en el miedo, en la
angustia.
Solo le deseo que si algún día la sociedad se
rebela, salimos a la calle, tomamos los poderes públicos, proclamamos
una Asamblea Constituyente, convocamos un referéndum sobre la forma de
Estado, disolvemos los partidos actuales y los obligamos a refundarse en
partidos que atiendan a las ideologías políticas y no a las económicas,
establecemos un sistema de elecciones realmente democráticas, nos
salimos de la moneda alemana (llamada también euro) y establecemos
pactos bilaterales con los países importantes, invertimos en educación e
investigación. Si todo eso pasa y empieza con una mecha que la sociedad
enciende. Si pasa y asaltamos su palacete en la Moncloa , ojalá usted
esté ya camino del exilio en Berlín.
2/7/12
filosofía para ranas 3/3
Y el mundo... ¿qué es el mundo?
El mundo solo es
"real" a traves del ojo del haz, que no del humano. No comprendo el
mundo bajo el dominio de nuestra apariencia única, sino como el resultado
cinético de su relacion con lo nuestro subyacente, que es tan diverso en lo
creado como uniforme en su origen. Asi pues, el mundo es (haber sido, estar
siendo y el conjunto de posibilidades que pueden ser) el fruto de la relación
entre el impulso-creación, la creación-progreso/inercia/recorrido/evolución-resultado
y el resultado-impulso (algo que surje, se constituye, crea y se transmuta).
Bien puede parecer que todo este embrollo lingüístico pudiese transformarse en una especia de fórmula matemática. PARECEN MATEMÁTICAS. De ahí la idea de poder explicar a dios con un número. Todo lo existente tendría un número cuyo denominador común sería el número de dios. Sin embargo, nos topamos, una vez más con aquello que tanto preocupó a Einstein, el principio de incertidumbre. Intentar descifrar a dios es, como dice Van Doren, "tratar de investigar los mecanismos de un buen reloj suizo utilizando solo el pulgar. Nadie tiene un pulgar lo suficientemente preciso, o lo suficientemente delicado, como para operar entre la delicada maquinaria del reloj sin dañar lalgunas de sus partes. Además, el pulgar es un estorbo: está entre el reloj y tus ojos". Las conclusiones a las que llegamos es que el conocimiento es, a menudo, más o menos intrusivo.
El conocimiento no es conocimiento, es nuestro conocimiento. Intervenimos nosotros, no podemos evitar influir sobre aquello que examinamos. Ahora que lo pienso, ¿no tendría esto relación con la fe intensa y su posible capacidad creativa voluntad mediante? Por ahora solo puedo hipotetizar, mi duda me delata. Me pregunto si el lector conoce algún caso de este tipo o ha experimentado algo semejante
Al modificar nosotros la realidad, puesto que
nosotros no somos sino en ella y formamos parte de ella, tenemos la ilusion de
que creamos con la imaginacion ¿Acaso no es nuestro cuerpo una extensión de
nuestra mente? Acaso necesitamos una prueba más adecuada para explicar que lo visible está unido a
lo invisible?
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¿Y el fútbol... que es el fútbol?
El fútbol, ché, es un aparato finansiero, un instrumento inherente a la propia capasidá soberana de un ehtado mediante el cual se regulan los presios de bienes primarios sin necesidad de dar ehplicasiones. Ché, no solo porque privatisaste y te lavaste las manos, sino porque los metés a todos en un circo sin luces y a otra cosa mariposa.
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Hazme el amor, Judas, pensaba el hombre mientras veía los informativos..
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- Papa, papa... ¿Qué suena ahí fuera? Son trompetas, hemos ganado...
- No hijo, son las vuvuzelas del apocalipsis.
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Llamarás a tu ira por el color de las llamas de tu ira ¿No sientes cómo arde tu ser al ver lo que ves?
28/6/12
Hell O'clock
A veces tengo recuerdos vívidos de sueños. Unos al principio
de la noche, otros al final. A veces es poco lo que podría decir sobre lo que
ha pasado, y mucho menos sobre lo que es. Siento como si acabara de salir de
otro estado. Es una sensación vaga de haber estado en otra parte, en otro “cómo”.
Lo único que empiezo a sentir al
principio es la sensación espacial de estar acostado. A los dos segundos mi mente
espacial (de espacio, se entiende, aunque ambas acepciones son aplicables) se
restaura por completo. Me doy cuenta de mi ubicación. Sobre una cama, en un
dormitorio. A veces me pregunto dónde estoy. Ah sí, sé donde estoy. Sé que
suena el despertador. Pero todo mi ser acaba de salir de algo que cada noche es
agradable, conocido e imposible de explicar. El despertador ya no suena. ¿Lo he
apagado yo? Seguramente. Enciendo la pantalla del móvil para ver la hora… son
las seis y media. De repente, antes de que la luz del móvil se apagase siquiera,
se me olvida la hora que era…vuelvo a extender el brazo para coger el aparato.
Son las siete y diez, casi la hora a la que pongo la alarma habitualmente. ¿Por
qué ha sonado antes? ¿Dónde he estado durante 40 minutos? El sonido es
infernal, un agudo que amenaza con derrumbar la gran barrera del sueño. Siento
sus golpes. Me empujan, pero a la vez es como si algo quisiera sacarme tirando
desde fuera. Ciertas horas matutinas solo son amigas del silencio, no hay onda de
sonora que valga. Permanezco diez minutos consciente de la almohada y tengo la sensación
de que sin ella mi cabeza quedaría desprotegida, expuesta a una atmósfera alienígena que hace
que una ola de frío me recorra el cuerpo, empezando por el pecho. El teléfono
del demonio vuelve a sonar. Me da igual. Pero hago un intento por desactivar la
alarma completamente, volver a un profundo sueño y que sea mi mente la que
decida despertarse cuando sea conveniente. ¿Qué es eso de ser despertados por
un sonido repentino a diario? Solo en un mundo retorcido, nervioso, ambicioso como
este eso puede ser considerado normal. Pero solo algo así consigue despertarme
antes de mi hora. Vuelve a sonar. Ahora
creo saber por qué suena. Sí, hay que ir al trabajo. ¿Ir al trabajo? ¿Ir? Qué idea tan absurda. ¿Es
miércoles o jueves? Da igual, el efecto
es el mismo. Pienso en lo que fumé anoche y en las cinco horas que he dormido.
¿Me despertaría más fácilmente si no fumase? Mi experiencia me dice que no. Mis
mañanas siempre han estado llenas de una agradable y desmedida vagancia
indolente de la que, cuando no tengo obligaciones que cumplir, me siento muy
orgulloso. ¿Levantarme? ¡Lavarme, vestirme, desayunar, salir! Pensar. Es
inconcebible, tan inconcebible para mí en este momento como una realidad
imposible. Me giro hasta acostarme sobre
el lado izquierdo… mi cuerpo vuelve a bajar un escalón en el proceso y ya solo
importa el descanso. Pero me alcanza para pensar en el origen del “problema”: no
me importa trabajar, me gusta. ¿No me importa levantarme? No, no me importa.
Llevo un buen rato pensando y eso también está bien. ¿Es salir el problema?
Claro que lo es. Vestirse, escaleras, calle, escaleras, metro, andén, la ciudad
de Barcelona en pleno apogeo: al entrar en la estación de Joanic, cada mañana a
la misma hora sale una muchedumbre con prisas como un enjambre. El río humano,
de veloz corriente, siempre se cruza justamente perpendicular a mi camino hacia
la entrada a la estación. Me viene a la mente la escena de tantos videojuegos
que han pasado por mis manos, en los que una flecha marca una línea de ruta en
un mapa, como si de un GPS se tratara. Casi ninguno se da cuenta de lo que hay
a su alrededor y casi ninguno me ve. Con un regateo zancudo completamente
ridículo esquivo tamaña perdigonada de autómatas que, aunque siendo como son,
seres humanos, a esas horas y en ese lugar interactúan entre sí como quien lo
hace con un mecanismo. Y yo, por no
unirme a su procesión, con frecuencia me descubro moviéndome entre estaciones
de metro a toda velocidad, aprovechando cualquier hueco que veo para avanzar.
Definitivamente, el problema es salir a un sitio así. Salir porque hay que
hacerlo, salir a diario siempre a la misma hora. Nunca se me ha dado bien resignarme
a hacer cosas que me desagradan, por muy obligadas que sean. Pues bien, hoy trabajo
en casa. Me giro y, esta vez sí, mi cuerpo se incorpora y hace todo lo que
tiene que hacer, porque así lo quiere.
27/6/12
sutilezas de claustro 2
Crece de día en día mi persuasión de que hay
hombres que se mueren sin haber cometido una
mala acción de bulto y de alcance, y sin haber
abrigado, no obstante, un solo buen deseo, ale-
grándose íntimamente del mal que no eran capa-
ces de hacer; mientras hay otros que molestando
de continuo al prójimo, y aun dañándole, se mue-
ren sin haber abrigado rencor contra nadie, sino
habiendo estado llenos siempre de buen deseo.
Es mucho más frecuente de lo que podría creer-
se aquello de San Pablo de que «no hago el bien
que quiero, sino el mal que no quiero hago», sen-
tencia que antes expresó Ovidio con lo de video
meliora proboque, deteriora sequor.
¿Quién en las luchas de la vida no ha sentido
mil veces, al encontrarse con su corazón a solas,
que se lo henchía honda querencia al adversario,
querencia nacida de la lucha misma? Combatiendo
se aprende a amar; de la comun miseria surge la
compasión mutua, y de la compasión el amor.
Siempre he creído que la guerra es la gran puri-
ficadora de los rencores, y que no hay abrazo más
efusivo ni más apretado que el que se dan los
combatientes al deponer las armas. Desconfío del
que no lucha, y veo siempre un mayor enemigo
en el que se me somete que en el que me resiste.
La diferencia que he visto siempre entre la mo-
ral y la religión es la de que aquélla nos enseña
a hacer el bien, y ésta a ser buenos y pocos pasajes
del Evangelio me levantan mas el corazón
que aquél de la oración en la cruz del buen bandido y
la promesa que el Cristo le hizo de la vida eterna.
Creo que, por lo general, somos mejores de lo
que se deduce por nuestros actos, y que de mu-
chos puede decirse lo contrarío de lo que del poe-
ta dijo el poeta Zorrilla, y es que
hay hombre que en su misión
sobre la tierra que habita
es una planta bendita
con frutos de maldición.
El citado Thoreau decía: «Si hice alguna vez
algún bien al prójimo, en su sentido, era sin duda
algo de excepcional e insignificante, comparado
con el bien o el mal que estoy haciendo constan-
temente con ser lo que soy».
Y ved cuan frecuente es que se distingan por
su constancia en los rencores los que con más cui-
dado evitan las violencias extemas, muchos que
aspiran a la espiritualidad en religión, muchos que
van de tiempo en tiempo a deponer a los pies del
confesor sus malas acciones, pero no sus malos
sentimientos. Se ha hecho ya proverbial el odiam
theologlcum, y es sabido cómo las disputas reli-
giosas se señalan por la acritud y por la virulen-
cia. Son muchos los que creen que es buen cami-
no para llegar al cielo romperle a un hereje la ca-
beza de un crístazo, esgrimiendo a guisa de maza
un crucifijo.
En la fe misma en el infierno, ¿no veis algo de
demonfaco? Deséenlo muchos para el prójimo, y
recuerdo aquel apostrofe del profesor que, comb
batiendo a los materialistas, exclamaba encendido
en demoníaco celo: "¡Almas de carbono, así arde-
réis mejor en los infiernos!" Y es, por otra parte,
que temen que la gloria sea chica para albergar-
nos a todos, y que cuantos más allf entremos,
menos de ella nos ha de tocar a cada uno. Se les
amargaría la dicha si la compartiera con ellos uno
de esos herejazos a quienes en vida combatieron
a sangre y fuego y a crístazos.
Y ese especial y característico odiam theolo-
gicum es hijo de otra característica y muy espe-
cial superbia íheologica, o, si se quiere mejor,
de la soberbia espiritual. Malo es que un hombre
se ande preocupando de si es o no es soberbio y
de ahogar la soberbia en sí, y dé luego en cavilar
y revolver en su cabeza sí no es por soberbia por
lo que trata de combatirla, y si la humildad a que
aspira no es la más fina soberbia, y otras sutilezas
por el estilo. Mejor es dejarlo y dejarse ser como
se es, a la buena de Dios, desnudando el alma y
abandonándose al primer impulso. Todos esos ti-
quls miquis espirituales no hacen sino enconar la
herida y envenenar la sangre del alma; dejarlo estar
es lo seguro.
Y aquí viene como anillo al dedo lo que el Após-
tol dice de la ley y de cómo la ley hace el pecado,
pues no se conoce el pecado sino por la ley, por-
que no se conocería la codicia si la ley no dijera:
«No codiciarás». Y el pecado, tomando ocasión de
la ley, obra en nosotros codicia, ya que sin la ley
estaba el pecado muerto; mas en cuanto viene el
mandamiento, revive (Rom., vn, 7-9). Siempre, al
leer las epístolas de Pablo de Tarso, me he dete-
nido en este pasaje y en aquello de los que, sin
tener ley, hacen naturalmente lo que es de la ley,
y son ley para sí mismos, pues la llevan escrita
en sus corazones (Rom., n, 14-15), y me he dicho:
¿Para qué acongojar el ánimo restregándole la ley
escrita, que es muerte, y no dejarle que descubra
su ley viva, la que en sus entresijos yace? Y esta
ley viva es la ley de la sinceridad; es que corres-
pondan a nuestras entrañas nuestras extrañas,
que sea nuestro proceder hijo de nuestro sentir y
nuestras palabras revelación de nuestros pensa-
mientos.
Este debe ser nuestro hito: ¡sé sincero! Y si
por dentro te tienes en algo, no lo ocultes por es-
tudiada humildad, que cuando es de estudio la
humildad deja de serlo.
Humildad rebuscada no es humilde, y lo más
verdaderamente humilde en quien se crea superior
a otros es confesarlo, y si por ello le motejan de
soberbio, sobrellevarlo tranquilamente. Dice el
susodicho P. Rodríguez en el cap. v del tratado
que cité que, segün San Bernardo, el verdadero
humilde desea ser tenido de los otros en poco, no
por humilde, sino por vil, y gózase en eso>. Y ¿no
será fina humildad soportar, ya que no desear,
ser tenido por soberbio? Aunque yo entiendo que
la más fina, la más sencilla humildad es no cuidar-
se en ser tenido por nada, ni por humilde ni por
soberbio, y seguir cada uno su camino, dejando
que ladren los perros que al paso nos salgan, y
mostrándose tal cual es sin recelo de habladurfas.
Dicen muy piadosos varones que las virtudes de
los paganos no eran sino falsas virtudes, pues se
fundaban en vanagloria. Y las de esos cristianos
de cabeza que buscan ser virtuosos por estas o
aquellas razones, y acaso en esperanza de la glo-
ría, ¿son virtudes finas y espontáneas? Todo lo
rebuscado es falso, y humildad que vaya a apren-
derse de libros ascéticos es casi siempre falsa hu-
mildad. Y conoceréis su falsedad en una cosa, y
es que los falsamente humildes se escandalizan de
los soberbios.
Todo lo rebuscado es malo, y eslo, por lo
tanto, la soberbia rebuscada, la falsa soberbia,
que es una de las más frecuentes. El fingimiento de
soberbia es de lo que más a menudo he topado
en mi vida, y cuidado que ésta no es aún larga.
Hablábame en cierta ocasión un amigo de un
sujeto, conocido mío, y me decfa: «No lo puedo
soportar: tiene una soberbia que apesta; no acierto
a comprender cómo se tiene en tal alto aprecio a
sí mismo.» Y hube de contestarle «Estás equi-
vocado: ni es soberbio, ni se tiene en tal apre-
cio.» Y le expliqué cómo era eso una astucia que
usaba el hombre para defenderse de los que le
tenían por majadero, fingiendo tenerse él por un
genio o poco menos, pues es la cuenta que se
echaría: «tal vez a fuerza de dar yo a entender
que soy un genio, llegue alguno a creérmelo». Y
es que nunca he tomado tan a pechos lo de «conó-
cete a ti mismo», que haya llegado a creer que
es lo más difícil conocerse y que haya pocos que
se conozcan. Creo, por el contrario, que los más
de los hombres se conocen bastante bien, y que
si les hiere el que se les eche en cara sus defectos,
es porque ellos mismos se los han echado antes.
26/6/12
25/6/12
Gádix, oceanus sireni
Soy un catalán muy fino,
y no me gusta trabajar,
por eso, me vine al Sur,
porque aquí aunque quisiera,
sin querer aunque pudiera.
En Mayo cae alcanfor del cielo
y, cuando llueve en el Febrero
se atascan las alcantarillas
y se te van a mojar los pies.
Fíame unos 80 duros,
que un días de éstos te los devolveré.
los tiempos viejos no mueren
y los nuevos no acaban de nacer.
El coche no tiene frenos,
el autobús tarda mucho,
la moto me hace perlita
y mi novia ya no pita.
El cielo rojo por la noche,
los bares están ya cerrados,
riegan las calles aunque llueva,
huele a caca de caballo.
24/6/12
Escucho Extremoduro en un merendero
Hundo mis dedos en algo que fue virginal
Agonizo en las orillas de una tarde interminable
Presto atención a un papanatas anónimo
Observo un cementerio como quien mira al mar
Tacho un buen verso porque, en ese momento, me parece deprimente
Quedo con la soledad a las 7 menos cuarto y me deja tirado
Acudo a conciertos cuyas melodías son afluentes de mi alma
Leo a Pizarnik y me da miedo entenderla de esa manera tan nítida
Hago reír a una desconocida
Me preguntan si vendo cocaína
Busco en un antiguo cuaderno y encuentro que, años atrás, escribí lo siguiente:
"Nicotina, condones usados,
y turulos con empacho/
Sordidez bien tratada/
En todo eso encuentro niñez"
Transformo una conversación en algo que recordar
Decepciono con soltura
Paseo entre panaderos y oficinistas con mil demonios pujando por salir
Me siento tan bien que busco una llave que me encierre para siempre en ese lugar
Whitman asoma la cabeza desde el interior de mi carótida
Permanezco en silencio hasta que ya no puedo más
Vivo lo que escribo y escribo lo que vivo
Cojo mi trineo y me dejo llevar por el plan que las constelaciones sugieran
Me enfrento a mi sombra y gana ella
Un encefalograma plano, con el coño planchado por el uso, me malinterpreta
Descubro a Henry Miller y lo comparo conmigo. Me gusta pero no me impresiona
Rezo por almas que, un día, pude tocar
Me excito como el peor sátiro del mejor libro
Compro tabaco y fumo sin ganas
Bebo con ganas
Comparto mis días
Bruno Gerrú
23/6/12
sutilezas de claustro 1

SÓLO odiamos, lo mismo que sólo amamos, lo que en algo, y de una o de otra manera, se nos parece; lo absolutamente contrario o en absoluto diferente de nosotros no nos merece ni amor ni odio, sino indiferencia. Y es que, de ordinario, lo que aborrezco en otros aborrézcolo por sentirlo en mi mismo; y si me hiere aquella púa del prójimo, es porque esa misma púa me está hiriendo en mi interior. Es mi envidia, mi soberbia, mi petulancia, mi codicia, las que me hacen aborrecer la soberbia, la envidia, la petulancia, la codicia ajenas.
Y así sucede que lo mismo que une el amor al amante y al amado, une también el odio al odiador y al odiado, y no los une ni menos fuerte ni menos duraderamente que aquél. Hay con frecuencia, o un sostén o un sedimento de amor en el fondo de no pocos odios; muchas personas se aborrecen, o creen más bien aborrecerse, porque se respetan, se estiman, y hasta se quieren mutuamente. Y para no quedar solo en esta que parecerá a muchos forzada paradoja, quiero aquí aducir dos sentencias del oríginalisimo asceta y pensador yanqui Enrique David Thoreau, quien dice en una, en prosa, que «a nadie tenemos más derecho para odiar que a nuestro amigo»; y en la otra, en verso, que «sería traición a nuestro amor y un pecado contra el Dios del cielo borrar una sola jota de un odio puro e imparcial».
A menudo ocurre que se pasa uno la vida combatiendo la intolerancia de los demás, y si lográis arrimaros a su espíritu y registrarlo con vuestra mirada, veréis que está combatiendo su propia intolerancia. Los absolutamente humildes no se escandalizan ni apenas se conduelen de la soberbia ajena, como los verdaderamente pródigos no se indignan de la avaricia de los demás. ¿Qué espíritu ha combatido al espíritu de la soberbia siempre? El espíritu de la soberbia misma. No tenéis sino ver las prevenciones que los humildes de profesión han tomado siempre para que su humildad no se convierta en soberbia; no tenéis sino ver con cuánta frecuencia los maestros de la vida espiritual, al comentar aquello de que quien se humille será ensalzado, nos advierten que el humillarse en vista de ello, para ser ensalzado por haberse humillado, es la más refinada soberbia.
Podría acudir a muchos y doctos maestros; pero me es más cómodo y más manual tomar a uno nuestro, a uno español, que resumió a todos los que hasta su tiempo habían adoctrinado a los espirituales. Me refiero al B. V. Padre Alonso Rodríguez, de la Compañía de Jesús, muerto a los noventa años de su edad y setenta de religioso, en 1616. Este docto varón nos dejó un libro, de apacible y tersísimo discurso, aunque algo prolijo, y es el Ejercicio de perfección y virtudes cristianas. Divídese en tres partes, y en la segunda de ellas dedica el tratado tercero a la virtud de la humildad. En este tratado discurre de la falsa humildad, como es la de aquellos que fingen pobreza, a cuyo propósito hace notar que «es menester que la pobreza ande siempre muy acompañada de humildad, porque la una sin la otra es cosa peligrosa; fácilmente se suele criar un espíritu de vanagloria y soberbia del vestido pobre y vil, y de allí suele nacer un menosprecio de los otros; y por esto San Agustín huía de muy viles vestiduras, y quería que sus religiosos trajesen vestidos honestos y decentes para huir de este inconveniente» (cap. iii). Y más adelante (cap. v) dice que la humildad no consiste en traer vestidos viles y despreciados o en andar en oficios bajos y humildes; «no consiste en eso, porque ahí puede haber también mucha soberbia y desear uno ser tenido y estimado por eso, y tenerse por mejor y más humilde que otros, que es la fina soberbia». Retened esto de que la fina soberbia es desear uno ser tenido y estimado por más humilde que otros; y vamos adelante con el tratado. El cual, en su capítulo xni, en que se discurre del segundo grado de humildad y se declara en qué consista este grado, dice esto: «¡Ay!, dice San Gregorio, que muchas veces eso es lo que pretendemos con nuestras hipocresías y humildades fingidas, y lo que parece humildad es soberbia grande. Porque muchas veces nos humillamos por ser alabados de los hombres y por ser tenidos por buenos y humildes. Si no, pregunto yo: ¿para que decís de vos lo que no queréis que crean los otros? Si lo decís de corazón, y andáis con verdad, habéis de que los otros os crean y os tengan por tal; y si esto no queréis, manifiestamente mostráis que en eso no pretendéis ser humillado, sino ser tenido y estimado.
Esto es lo que dice el sabio: Hay algunos que se humillan fingidamente, y allá en lo interior su corazón, está lleno de soberbia y engaño. Porque ¿qué mayor engaño que buscar ser honrado y estimado de los hombres? Y ¿qué mayor soberbia que pretender ser tenido por humilde? Pretender alabanzas de la humildad, dice San Bernardo, no es virtud de humildad, sino perversión y destrucción de ella. ¿Qué mayor perversión puede ser que esa? ¿Qué cosa puede ser más fuera de razón que querer parecer mejor, de donde parecéis mejor? Del mal que decís de vos queréis parecer bueno y ser tenido por tal, ¿qué cosa más indigna y más fuera de razón? San Ambrosio, reprendiendo esto, dice: Muchos tienen apariencia de humildad, pero no tienen la virtud de la humildad; muchos que parece que exteriormente la buscan, interiormente la contradicen.*
Ya estoy oyendo, al llegar aquí, que más de un lector tuerce el gesto y exclama: ¡Sutilezas de claustro! Y no seré yo quien le contradiga, sino que, poniéndome de acuerdo con él , exclamaré también: "Sutilezas de claustro!" Sutilezas de claustro, sí, en que el recojido tiembla ante aquello mismo de que huyó y que dentro de sí mismo. Porque siempre he creído que los que huyen del mundo se llevan al mundo dentro de sí, por el contrario, muchos que, viviendo en el mundo, le tienen cerradas las puertas de su corazón. Ya dijo, entre otros, Emerson, que «es fácil vivir en el mundo según la opinión del mundo, y fácil vivir en la soledad según la nuestra; pero el hombre grande es el que en medio de la muchedumbre mantiene con perfecta mansedumbre la independencia de la soledad».
A los mundanos, a los que viven en el mundo y del mundo, encenagados en él, según esos espirituales de la huída, les sorprenden de ordinario las pinturas que de los vicios mundanales suelen hacer los que viven retirados en el claustro, pinturas en que, pretendiendo afearlos, en realidad los embellecen. Un hombre que no había negado nunca a su carne ninguno de los apetitos de ésta, y que había gustado siempre, hasta con exceso, de las mujeres, me decía en cierta ocasión, después de haber leído la descripción que de la lujuria hacía un fraile: «esto es pura mentira y pintar como querer: la lujuria es sencillamente tonta, y no hay en ella nada de estos deleites y estos ardores que el buen fraile ha soñado. La falta de sencillez lo estropea todo».
Y asi es la verdad: la falta de sencillez, la falta de sinceridad, lo echa a perder todo. Y de pocas cosas hablan los claustrados con menos sinceridad que de la pasión de la soberbia. En puro temerla, van a caer en ella; y seria mucho mejor, a no dudarlo, no preocuparse de tal cosa, dejarse ser tal como se sea y decir de sí mismo lo que uno de sí mismo crea, resulte o no soberbio para los demás. Sospecho que lo que voy a decir escandalizará a lectores timoratos, si es que los tuviere; pero hay que decirlo: y es que no pocas veces la comisión de un acto pecaminoso nos purifica del terrible deseo de él, que nos estaba carcomiendo el corazón. La doctrina podrá ser terrible, pero no me cabe duda alguna de que más de un matador habrá em- pezado a sentir compasión y hasta amor a su víctima una vez que matándola desahogó su odio en ella.
Desde un punto de vista mezquino y estrecho podrá parecer lo más malo el haber matado a uno; pero, visto desde las honduras del espíritu, lo peor es nutrir los sentidos con odio y vivir corroídos por malos deseos. No me parece monstruoso lo de aquel padre que decía a su hijo: "Anda, ve, hijo mio, rómpele las narices de un puñetazo, y luego dale un abrazo: es mejor que no el que evites encontrarle y sigas odiándole" Los malos sentimientos contenidos pueden llegar a emponzoñarnos la sangre del espíritu, y éste enferma y se hace malo, y es, a las veces, mejor mil veces, dejar que estallen los malos humores hacia fuera. Porque una cosa es hacer el bien y otra ser bueno, aunque se conozca al árbol por sus frutos, y las buenas acciones broten de las almas buenas.
Sí, una cosa es hacer el mal y otra muy distinta ser malo, distinción que con muy sano instinto columbra casi siempre la gente sencilla e inculta, que se enamora de sujetos tenidos por grandes picaros, y mira con ojeriza a otros que pasan por irreprochables. Cuando oía yo decir aquello tan repetido de «en el fondo es bueno», refiriéndose a algún sujeto de fechorías y daños al prójimo, solía añadir por mi cuenta: «tan en el fondo, que es como si no lo fuera; en el fondo todos somos buenos». Pero hoy he modificado no poco mi sen- timiento a este respecto, y entiendo muy de otra manera que entendía antes eso de que en el fondo todos somos buenos.
Fin de la parte 1/3 del gran ensayo de D. Miguel de Unamuno titulado "Sobre la soberbia", incluido en su magnífico libro "Almas de jóvenes"
22/6/12
Reprenc l'edició
Filla dels déus d'un cel inconformista
núvia del vent d'un bes enverinat
cuca de mel ricura amb cel, nina del temps.
Plugim de vesc, buscant la causa,
coll de cigne enviscolant,
mixtura d'ulls blaus verds, cucs, engrisoldats...
Tu pots, tu vals, tu en saps si vols,
no, no tinguis por,
malgrat ho saps no ets innocent,
el cor t'empeny.
Ràbia i tendresa, formigueig equidistant,
somnis de joguina.
Venècia, Venècia en un pou
lliris blancs, lliris, lliris...
tu pots, tu vals, tu en saps si vols,
no, no... tinguis por,
la pressa et mana, sàvia d'enveja,
per mena és mort, és mort...
Tu pots, tu vals, tu en saps si vols,
no, no tinguis por,
malgrat ho saps no ets innocent,
el cor t'empeny.
Em trobo en fals sense el teu alè
em trobo confús, em trobo confús
perdo el nord sense rere fons
em trobo confús, em trobo confús
em trobo confús, em trobo confús
21/6/12
cosmic dust
Hay cientos de miles de millones de partículas de polvo extraterrestre cayendo del cielo. Este material tan abundante es importante ya que tales fragmentos diminutos de roca permiten a los científicos estudiar objetos distantes del sistema solar sin el oneroso costo de enviar vehículos al espacio para investigar.
El origen del polvo cósmico que cae en la Tierra ha sido siempre incierto. Los científicos pensaban que analizar el contenido mineral y químico de partículas individuales de polvo era fundamental para establecer su origen. Pero este estudio sugiere que una comparación de múltiples partículas da mejores resultados.
Cada vez que analizamos el polvo cósmico, obtenemos un conocimiento mayor de su complejo caracter, tal y como puede verse en la imagen.
20/6/12
Household dust
El polvo en las casas, oficinas, y otros ambientes humanos es en gran medida generado por sus habitantes, especialmente por el desprendimiento de las células de la piel. Aproximadamente el 70 por ciento de la composición del polvo son células muertas de piel humana. También se encuentra algún porcentaje de polvo atmosférico del exterior. En promedio, aproximadamente el ritmo de producción de polvo en una casa es de 6 mg/m²/día, dependiendo de la cantidad de tiempo que se permanezca en la casa y del número de habitantes. Cuando se acumula suficiente cantidad de polvo se forman pelusas (son las llamadas "motas de polvo").
Wikipedia
17/6/12
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.
Buda
Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras.
Lao-tsé
No hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volverlo aceptable.
Marco Tulio Cicerón
El sabio controla sin autoridad, y enseña sin palabras; él deja que todas las cosas asciendan y caigan, pero no interfiere. Da sin pedirle y está satisfecho.
Anónimo
Si todo pudiera explicarse mediante la palabra, tarde o temprano acabaríamos con el mundo.
Henry Moore
Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes.
Lao-tsé
Las palabras son como las hojas; cuando abundan, poco fruto hay en ellas.
Alexander Pope
A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada.
Winston Churchill
Toda palabra dicha despierta una idea contraria.
Johann Wolfgang Goethe
Hay palabras que solo deberían servir una vez.
René de Chateaubriand
No son verdades las palabras, sino aproximaciones. Pronunciar una sola palabra ya es mentir.
Ajo de Oro
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