6/7/11

un bramido quebrado

Ata la burra
aunque se ahorque,
ata la burra
con la soga de los pobres.
Quieren iniciativa,
buscan parda sumisión,
plena dedicación
a su pérdida de tiempo.
Agradece tu salario
con derecho a pernada,
el dinero que tú has ganado
justifica sus miserias,
y a lo mejor mañana
ni para la nada valga.


"... y escarbo en un solar
un túnel de soledad
por la única salida a las dudas.

Necesito su quieta presencia
para templar mi agitación.

Me reconforta su silencio 
cuando el viento de la realidad
golpea mi frágil sentido.

Y aunque siempre aprecie
el olvido de un cómplice,
sólo encuentro consuelo
en mis túneles bajo tierra."

Negligencia torpe,
soberbia violencia;
¿Por qué nos exigen
sus propias carencias?
Ata la burra
aunque se ahorque,
ata la burra
a un tronco de roble
con la soga de los pobres.

AyK

Yo soy



Nacer, envejecer, morir.
¿Por qué yo deberé gemir? 
¿Por qué prohibido está poder 
crear mi carnaval feliz? 
 Bailar, olvidar, renacer, 
ir más allá del fin. 
Hasta la eternidad huir,
 viajar, todo dejar caer.  
El mundo no me encerrará. 
Quisiera ser lo que yo soy. 
Cantar alegre mi verdad, 
dar sin saber que es lo que doy.
Amar con toda libertad.  

Se disolvió lo que sufrí. 
Haber nacido perdoné. 
Ahora sólo falta abrir 
mi terco corazón cruel.

XXVI

Mañana me llega el momento,

mañana me juego la vida.

En unas horas, unos minutos,

el tiempo se rehará a sí mismo.

Intento mantener la calma

y estar tan poco dispuesto

como abierto a la derrota;

Mañana me llega el momento,

mañana me juego la vida.

Escribo este poema

para declarar mi victoria,

para no tener que rehacerlo

de cero y poder

continuarlo con alegría.

Mañana me llega el momento,

mañana me juego la vida.

Mantengo la calma

porque sé que no importa,

no existe verdugo alguno

sino sólo un pobre suicida

y todo es fruta merecida.

Pretendo seguir este poema

cuando todo haya ocurrido,

mañana al mediodía

llegará el grito sin tregua

de vaga condena o algarabía;

Mañana, la pena o la gloria.

Mañana me juego la vida.

-

Hoy, que no es ya mediodía

sino la noche profunda,

cansado de estar despierto

tantas horas sin pausa,

Ahora, que ya no es ayer

ni es aún mañana,

he ganado la guerra:

guerra fría de emociones sin causa

sucia y violenta como ninguna.

Sigo herido por ser de carne

pero nunca fui herido sin cura;

pronto, y sólo de verlo

me lleno hasta arriba,

cruzaré la puerta para no volver.

XIX

La tormenta, fuerza que nubes expande y encoje

en el vasto espacio sobre el jardín poblado

ha quemado esta noche en el cielo mi nombre.

Y es el sonido de la noche,

o el pueblo perdido,

o gotas, cristal, o viento,

o todo enlazado,

que han dado al silencio de nuevo sentido.

Fue mi ego prendido por ruidos callados,

o truenos sin nombre con calma gruñendo,

o mi pensar insistente

en el cansancio escondido;

mi ser se sonríe al verse sin verme.

5/7/11

we the people who are darker than blue




We people who are darker than blue
Are we gonna stand around this town
And let what others say come true?
We're just good for nothing they all figure

A boyish, grown up, shiftless jigger
Now we can't hardly stand for that
Or is that really where it's at?
We people who are darker than blue

This ain't no time for segregatin'
I'm talking 'bout brown and yellow two
High yellow girl, can't you tell
You're just the surface of our dark deep well

If your mind could really see
You'd know your color the same as me
Pardon me, brother, as you stand in your glory
I know you won't mind if I tell the whole story

Get yourself together, learn to know your side
Shall we commit our own genocide
Before you check out your mind?

I know we've all got problems
That's why I'm here to say
Keep peace with me and I with you
Let me love in my own way

Now I know we have great respect
For the sister, and mother it's even better yet
But there's the joker in the street

Loving one brother and killing the other
When the time comes and we are really free
There'll be no brothers left you see

We people who are darker than blue
Don't let us hang around this town
And let what others say come true

We're just good for nothing they all figure
A boyish, grown up, shiftless jigger
Now we can't hardly stand for that
Or is that really where it's at?

Pardon me, brother, while you stand in your glory
I know you won't mind if I tell the whole story
Pardon me, brother, I know we've come a long, long way
But let us not be so satisfied for tomorrow can be an
An even brighter day

sueño

El presentimiento
es la sonda del alma
en el misterio.
Nariz del corazón,
que explora en la tiniebla
del tiempo.

   Ayer es lo marchito.
El sentimiento
y el campo funeral
del recuerdo.

   Anteayer
es lo muerto.
Madriguera de ideas moribundas
de pegasos sin freno.
Malezas de memorias
y desiertos
perdidos en la niebla
de los sueños.

   Nada turba los siglos
pasados.
No podemos
arrancar un suspiro
de lo viejo.
El pasado se pone
su coraza de hierro
y tapa sus oídos
con algodón del viento.
Nunca podrá arrancársele
un secreto.

    Sus músculos de siglos
y su cerebro
de marchitas ideas
en feto
no darán el licor que necesita
el corazón sediento.

    Pero el niño futuro
nos dirá algún secreto
cuando juegue en su cama
de luceros.

Y es fácil engañarle;
por eso,
démosle con dulzura
nuestro seno.
Que el topo silencioso
del presentimiento
nos traerá sus sonajas
cuando se esté durmiendo.



Fco. García Lorca, 1920

2/7/11

soy una no identidad

Básicamente, la materia tal y como la conocemos tiene forma, masa y color, pero a nivel subatómico, está formada por una serie de pequeñas vibraciones de energía cuántica que no puede ser modelada en la práctica sino sólo visualizarse matemáticamente. 

Masa es energía. Vivimos. Las cosas son. Aunque en realidad, si reuniéramos toda la materia no tendríamos nada, porque por cada unidad de materia hay una fuerza igual y opuesta, llamada antimateria. La antimateria se descubrió por primera vez en 1932 y se la llamó positrón, en contraste con el electrón, que tiene carga negativa. La antimateria se compone de antipartículas idénticas en masa y comportamiento a los componentes del átomo pero con carga eléctrica opuesta.

Imaginemos que tenemos una cantidad infinita. Si la dividimos por una cantidad infinita, el cociente obtenido es uno. Ahora, si a uno le restamos infinito, obtenemos nada. Y si restamos infinito a infinito, obtenemos de nuevo nada. Por tanto, nada es igual a uno y uno es igual a infinito. En otras palabras, nada, como concepto matemático, existe en más de una forma. Tener nada es como tener la misma cantidad de algo, pero en forma positiva y negativa.

Esto, en mi opinión, puede explicar la creación y la formación de la materia. El universo empezó desde nada y continuó expandiéndose, o lo que es lo mismo, si comparamos la nada con una cremallera cerrada y tiramos de ella, ésta se dividiría en dos partes, ambas con proyecciones intercaladas y ambas con la cualidad de reasociarse y fundirse con la opuesta.  Por lo tanto, hay una sustancia material positiva por un lado y negativa por el otro; pero si cerramos de nuevo la cremallera, obtenemos la amalgama positivo-negativa, es decir, nada. De la nada vino el todo, lo cual, para mucha gente, significa creación divina.

La materia implica antimateria. Considerándolo bien, no somos nada porque nuestros cuerpos, aparte de por el hecho de que se descompondrán en el futuro, también porque su materia residual será absorbida por un agujero negro. La materia es indestructible a menos que se exponga a la antimateria. Cuando la nada se abrió por primera vez, lo cual causó la formación de nuestro universo reconocible y la formación de la materia y la antimateria en partes cuánticas equitativas y opuestas, ocurrió algo evidente, y es que nunca podremos saber nada sobre el antiuniverso que se formó en ese mismo momento. Para averiguarlo habría que unir las dos partes, y eso supondría la aniquilación de ambas. Estamos hablando del funcionamiento de una fuerza que no podemos comprender porque sólo podemos ver una cara del producto. De hecho, Dios es nada y aún así Dios es todo.

Con todo, no hay necesidad de invocar a una divinidad, ya que todo pudo haber ocurrido por casualidad. Provenimos de nada y volveremos a dicho concepto matemático. Toda materia se compone de energía y cuando llegue el fin de todo, esa energía será anulada, pues nada existirá tal y como lo conocemos. Puede ocurrir ahora o en cualquier momento, si las caras positiva y negativa de la cremallera coinciden (y eso es algo que nunca podremos saber).

Considero que esto puede servir de posible explicación del Big Bang. Se sabe que una cantidad tremenda de energía habría sido liberada pero dudo si era necesaria una cantidad tremenda de energía para crear el Big Bang. Pienso que la energía fue producida por la apertura, pues no había fuente de energía disponible en aquel momento, la cremallera se abrió cuando nada separó nada y produjo todo.

Todos los animales, humanos, plantas, etc. podemos afirmar que somos descendientes del uno y único todo. Al final, todo volverá a ser relegado a ser nada, cuando la cremallera se cierre y la antimateria anule a nuestra materia.

Se calcula que nuestro mundo tiene 4.600 millones de años, pero que los seres humanos aparecieron hace unos dos millones de años. Así pues, la escala de tiempo transcurrida desde la nada hasta el día de hoy es realmente larga, y el hombre está presente en tan sólo una pequeñísima parte de ella. Aún hoy siguen naciendo nuevas galaxias de la nada infinita que lo forma todo.
Es muy posible que su muerte se prolongue en el tiempo, así que disfrute de lo que tenga mientras pueda. 

G. Angan, artículo del diario Sur in English, 10/06/2011
Traducción de K.

29/6/11

ángeles sobre el desierto

Descansan en el anverso de la mala fortuna
los ángeles de cabellos rubios,
empujados por los soplos de los océanos
y en volandas a través de los campos
rozando con la barbilla tan solo la puntita
de mazorcas, flores y ramas, riendo de su cosquilla,
y del color vainilla que es ahora el cielo
surgen las aves de la esperanza,
con sus alas firmes, amigas de las brisas,
avistando en la lejanía
el brillo de su repentina presa,
que huye dando brincos, sus ojos
desorbitados de sorpresa,
conoce la negrura de su fin y en él
el apoyo de todas sus patitas,
a la espera de un golpe de aquéllo
donde descansan los angeles rubios,
casi siempre, sí, en su anverso.

el infierno carnal se desata
en forma de llama hirviente
barnizada de sed y de calma
y que se extiende ante la vista:
los sedimentos de arcilla desnudos
salen al paso del hombre,
que no puede de otra manera ser
sino un alma perdida,
y como un regalo por su presencia,
tan repentina como poco común,
apareció un buitre melenudo,
cubertería en garra, boca aguada,
graznando de pura alegría
mientras el hombre, desahuciado,
de rodillas le ruega el perdón...

Mas el buitre se resiste,
alegando meses ya que no come
y que, muy a pesar suya,
dejarle escapar no sabría-

Y en su defensa engendra el hombre un doble ser,
un sano retoño de buen color:
no confundas el veneno por su sabor,
le dijo, ni contra todo
te crees antídoto.
Ni des alas a las tinieblas
Ni actúes nunca de tal manera
sino todo lo contrario y al revés,
alza tus entrañas
vestidas para la ocasión benevolente
con la luz más extraordinaria
que haya visto la razón.


[Inmóvil, estático, sin pensamiento durante horas...]


... el hombre se debate al amparo del pájaro
contra algo que identifica pero desconoce;
y aunque más sobrio que las gacelas,
viento a la vez que cuerpo,
con ese júbilo súbito suyo
que vence a cualquier agonía
 y que cubre el valle de prados
imbricados como zarzas;
aún siente hambre de curiosidad 
por ese dibujo de nubes dulces
que impregna de amargo sabor
la sed de ser.
 
De la amapola se enamoró el corazón humano,
y se convirtió a la causa ecologista.
Opio es la palabra que clama en nuestras almas,
opiácea es la palabra 
que busca el silencio en el humo tumbado,
la explotación del aliento
queda extrapolada al athma
a la velocidad de un maremágnum de imaginaciones
contenidas en un solo pálpito por segundo.

25/6/11

La cena

- Pazzguato’s Restaurant, ¿dígame?

- Hola buenas tardes. Quería hacer un pedido.

- Sí, dígame.

- Me gustaría… no, espere: no me gustaría.

- ¿Perdone?

- Decía que quiero hacer un pedido. Una grande barbacoa con ternera y cebolla.

- De acuerdo, una pizza barbacoa familiar con ternera y cebolla.

- ¡No vuelva hacer eso!

- ¿A hacer qué?

- Ha mencionado la palabra. No vuelva a hacerlo.

- Pero, ¿qué palabra?

- La madre que… pues esa que empieza por P.

- ¿Se refiere a “pizza”? Oiga, yo no…

- ¡Que no la diga, carajo!

- Sí… perdone. ¿Ha dicho con ternera y cebolla, verdad?

- Sí, eso mismo. Con cebolla: C-E-B-O-L-L-A.

- Jeje, sí… vale.

- ¡Y ternera! T-E-R-N-E… sí, E. R-A.

- Aunque me ayude el deletreo, debo preguntarle… ¿está usted de broma verdad?

- ¿Cómo dice? Oiga, si no me atiende el pedido mejor llamo a otro sitio. Tengo a otro restaurante por la otra línea y le aseguro que eligiré el postor más bajo.

- No, no… está bien. Una barbacoa familiar con ternera y cebolla, tomo nota.

- Sí, y oiga, añádale también champiñones.

- De acuerdo: una pizza barbacoa familiar con ternera, cebolla y champiñones.

- ¡Mierda! ¡Joder! Que no diga la palabra, ¡coño!

- Pero si yo …¿cómo quiere que no la diga si es precisamente lo que está pidiendo?

- Haga un esfuerzo.

- Ehm… como decía, una barbacoa familiar con ternera, cebolla y champiñones.

- Y extra de queso, gracias.

- Una barbacoa familiar con ternera, cebolla, champiñones y extra de queso.

- Vale, y por favor, póngale también unos daditos de piña.

- ¡Basta ya! ¿Por qué no me dice todos los ingredientes de una vez y acabamos?

- Oiga, si no me los repite usted, cómo voy a añadir otro nuevo? Use el sentido común, hombre.

- Esto no tiene ni pies ni cabeza.

- No se me queje, por favor. En verdad le digo que su servicio de pedidos por teléfono es interminable. Dígame, ¿todos sus productos están en venta, o también los ofrecen de alquiler?

- ¿De alquiler? Oiga, se está usted poniendo cansino. ¿Cómo demonios se puede alquilar una pizza?

- ¡Se puede, o debería poderse! ¿Quiere sacarme usted de mis casillas? ¡La palabra! ¡¡La palabra!!

- ¡Estoy perdiendo la paciencia! Los 16 euros que cuesta su pedido no merecen esto. Dígame su dirección y acabemos ya.

- Sí, es Urbanización Faemino: c/ Hilario Cortés nº 14, bloque 32, escalera C, piso 12, pasillo B izquierda, apartamento 83, último domitorio al fondo.

- ¿Es que quiere que le llevemos la pi… el pedido a su propio dormitorio? Realmente está usted trastornado, oiga.

- No sólo casi dice la palabra, ¡sino que además me insulta! ¿Piensa usted las cosas alguna vez antes de hablar? ¿No se le ha ocurrido que puedo dejar la puerta del piso abierta para que el repartidor entre? Si me dice que al muchacho le va a molestar andar 7 metros más, le cuelgo aquí mismo.

- Ya veremos… usted esté atento a la puerta y no se acomode demasiado.

- Eso está por verse. ¿Le importa si seguimos con el pedido? Usted ya lo ha valorado en 16 euros y ni siquiera he acabado.

- La madre… ¿qué quiere ahora?

- Quiero un servicio extra, por favor. ¿Conocen la técnica de la “manotada al panini”?

- Pues no, mire. ¿En qué consiste?

- Muy sencillo. Usted le dice al cocinero que haga la masa. Una vez hecha, la pone en el plato y de un golpe seco le da a la masa tremenda bofetada con la mano abierta, ¡placa! Si sale bien, deberá quedar la forma de la mano en el centro: después, rellena la huella con salsa de tomate.

- ¿Me quiere explicar por qué iba alquien a querer eso? Me parece absurdo.

- ¡Qué sabrá usted! La diferencia es grande, la forma cuenta. ¿Acaso es lo mismo una baguette que un bollo? ¿Acaso es lo mismo un churrusco que un mollete?

- Pues ahora que lo dice, no…

- Pues hágame el favor entonces. La quiero con ese matiz mórfico especial. Si no me la encuentro así, no sólo no daré propina sino que choricearé al repartidor.

- Me parece justo, pero le tendré que cobrar 0,70 € más por la técnica de la “manotada al panini”.

- Me parece bien. Otra cosa: he visto que regalan un vinilo de Mocedades con cada pedido. Que no se le olvide, por favor.

- ¿Un vinilo? Oiga, nosotros no regalamos ni cucharas de plástico. ¿De dónde se saca usted eso?

- Lo saco del panfleto de su restaurante, ¿de dónde si no?

- Le aseguro que no tenemos una promoción así.

- ¿Y qué es esto que pone en el panfleto, fe de erratas? Me estoy empezando a cansar de tanto abuso. Si no regalan un vinilo, esta será la última vez que les llamo.

- Le aseguro que somos justos, y yo diría que lo del vinilo se lo está inventando.

- ¿Justos ustedes? A ver, dígame: ¿a cuántos delfines han tenido que matar para hacer mi pedido? No, no me lo diga… no quiero saberlo.

- … por favor, acabemos de una vez: una barcacoa con ternera, cebolla, champiñones, extra de queso y daditos de piña a la c/ Hilario Cortés nº 14, bloque 32, escalera C, piso 12, pasillo B izquierda, apartamento 83.

- Y último dormitorio al fondo.

- Sí, eso, vale.

- Una última pregunta: cuando traigan el pedido, ¿me puedo quedar el embalaje de cartón que trae? Ya sabe: el envoltorio en sí mismo.

- Ahora sí que está bromeando. ¿Para qué íbamos nosotros a querer un cartón inservible, sucio e impregnado de queso y aceite?

- ¿Se refiere a la cara de cartón de los currantes que trabajan en cocina?

- Me refiero al envoltorio, ¡coño!

- Ah, perfecto. ¡Excelente! ¿Por qué no me lo ha dicho antes? De habérmelo dicho, lo del vinilo me habría dado igual.

- Vale… en menos de 50 minutos llegará su pedido.

- Muchas gracias. Por favor, dígale al moto-pizza que lleve silenciador en el tubo de escape, para no despertar al pitbull de raza que anda suelto abajo en el jardín. Le pirra la comida basura, y viendo lo barato que me va a salir el pedido estoy seguro de que es precisamente eso, una basura. Repito, cuidado con el perro; dudo que sepa distinguir dónde se acaba la comida y empieza el motero.

- Se lo diré, desde luego... eh, oiga, acaba usted de decir la palabra.

- ¿Qué palabra, la que empieza por P?

- Esa misma, sí...

- No es verdad.

- Le digo yo que sí.

- Y yo le digo que no. He dicho Moto-pizza. ¿Desde cuándo la M y la P son la misma letra?

- 50 minutos. Buenas tardes.

He subido hasta el cielo

Donde los ángeles me susurran,

He caído al infierno

Donde me han descosido el alma.

Y entre la gloria exenta de euforia

Y el dolor insoportable de dentro

Se encuentra todo lo que he hecho,

Todo lo que he pensado,

Todo lo que he alcanzado,

Todo lo que nunca encuentro.

24/6/11

cruz somática de papel

Algo debió pasar que celebró con satisfacción el magnífico crisol de caracteres, asumiendo su posición, tantas veces rechazada. Imaginaba a cuántos les pasaría en aquel momento, seguramente casi todos ellos con un aspecto en común: turbios asuntos de enaguas. Creyendo vivir con ademanes parecidos a pensamientos que les cortaban de algún modo el paso fluído de la sangre al cerebro. Y no lo hizo con ningún gesto en particular. Sólo lo pensó o se dio cuenta de ello. Automáticamente, como si hubiera bebido zumo de zombi, se puso tieso y sonrió al notar el estremecimiento por toda su espalda. Decidió que a partir de aquel momento comería más fruta fresca y dejaría de arrancarse la piel bajo las uñas. La decadencia, siempre la había malinterpretado. Suavemente se acomoda poco a poco y se desliza sin darnos cuenta hasta su trono, en forma de añoranza primero, de desdén después,  hasta hacernos olvidar el momento mismo de nuestro apogeo verdaderamente auténtico.

21/6/11

Arreglando crisis, aborregamientos y estados de excepción con cinco dedos

La mano.

Una vez, una maestra pidió a sus alumnos de primer grado que hiciesen un dibujo de alguna cosa con la cual estuviesen agradecidos…

Ella pensó que seguramente todos ellos eran hijos de familias pobres no tendrían mucho que agradecer, así que dibujarían platos de comida, o alguna cosa por el estilo.

Sin embargo, la profesora quedó sorprendida con el dibujo que hizo uno de sus alumnos… Era una mano, dibujada de forma sencilla e infantil.
Pero, ¿de quién era la mano? Toda la clase quedó encantada con aquel dibujo.
"Creo que debe ser la mano de Dios", dijo un niño
"No, yo creo que que es la mano de un granjero que está dando de comer de comer a las gallinas", dijo otro.
Cuando finalmente todos volvieron a su trabajo, la profesora se aproximo de su alumno y le preguntó de quien era la mano.
"Es su mano, profesora" -murmuró él.

Entonces la profesora se acordó que, en varias ocasiones, en el recreo, ella le había cogido de la mano a él, que era un niño raquítico e desamparado.

Ella hacía esto frecuentemente con los niños. Pero aquello significaba mucho para este alumno.
Tal vez esa debería ser la acción de gracias de todos, no por las cosas materiales que nos dan, sino por la oportunidad de todas las cosas pequeñas con las que nos podemos dar a los otros.


Publicado por http://plataformaantiaborregamiento.wordpress.com

El súbdito adulado (al hilo del post anterior)


Nos estábamos acercando a pasos agigantados, decía la propaganda oficial, a una forma política inédita en la que las decisiones no emanarían nunca de un único foco, sino que resultarían de una compleja interacción de agentes e iniciativas, gracias a la cual todos podrían ocupar alguna vez el centro de la escena (aunque por poco tiempo) y nadie sería capaz de monopolizarlo; un modo de gestionar lo público en el que cualquier decisión importante estaría sometida a procedimientos de participación, con preferencia electrónicos, gracias a los cuales los ciudadanos se pronunciarían, con un golpe de tecla y en tiempo real, sobre todos los asuntos de interés. Gozaríamos de una teledemocracia hiperparticipativa que sería el adecuado complemento de un teletrabajo apasionante, y todo ello sin necesidad de salir de casa, salvo para cambiar cosmopolitamente de residencia cada cierto tiempo. A lo anterior había de añadirse la conversión en derecho de cualquier objeto de deseo: que algo fuera comúnmente demandado -o, mejor aún, que perteneciese al programa de algún colectivo identitario- y que no estuviera reconocido como derecho subjetivo era toda una anomalía y un atropello de obligada reparación.
Lo anterior no se concebía como un ideal más o menos utópico, sino como algo que estaba a la vuelta de la esquina o que, de hecho, había comenzado ya. Las cadenas de la dominación política eran cosa del pasado (pues la soberanía se había diluido dichosamente en una red de gobernanzas múltiples) y otro tanto estaba a punto de ocurrir con la esclavitud laboral (el trabajo, no en vano, iba a parecerse cada vez más al ocio). Todo lo anterior, unido a una tierna y entrañable preocupación por lo que se llamaba "valores", daba como resultado una sociedad de ciudadanos, cuyos principios serían tan sistemáticos y nítidos que podrían enseñarse cómodamente en la escuela.


De pronto se advirtió que las cosas no iban a proseguir por tan apacible camino. Al parecer, faltaba dinero con que dar abasto al mantenimiento de ese modelo social, de manera que la marcha segura hacia la felicidad tendría que interrumpirse para proveer fondos y seguir después sin sobresaltos. Se había declarado lo que se llama una crisis, y en esas duras circunstancias hay que esperar a que las contrariedades se resuelvan para volver a gozar de las ventajas pasadas: un transitorio, aunque amargo, estado de excepción.

Sin embargo, esto último no parecía del todo cierto, porque la severidad de los acontecimientos obligó a dar por supuestas, como cosa natural, dos verdades un tanto incómodas. La primera fue que los ajustes económicos y sociales durarían para siempre y no serían revocados ni aun cuando la crisis terminase. Al contrario: se acentuarían progresivamente, porque una economía competitiva tiene que serlo cada vez más si no quiere hundirse: sobrevivir exige cambiar de vida y adaptarse a una existencia dinámica, hiperactiva y arriesgada, a un modelo de productividad quizá poco afín a las costumbres mediterráneas, pero del todo ineluctable. No se trataría de una situación de emergencia, como las constitucionalmente regladas, sino de aquello a lo que algún clásico del pensamiento se refirió como el estado de excepción convertido en regla. La segunda verdad fue que las decisiones cruciales no pueden tomarlas ya los ciudadanos ni sus Gobiernos, sino ciertos agentes económicos transnacionales, enigmáticamente llamados "los mercados", que conceden a Gobiernos y ciudadanos la capacidad de sancionar políticamente lo que ya está económicamente decidido. Merece la pena subrayar una consecuencia muy notable de los dos hechos anteriores: ni el uno ni el otro se pusieron de manifiesto como novedades, sino como algo que ya era cierto desde mucho antes, aunque no se hubiera sabido o querido reconocer. No es que a partir de la crisis fuese a ser mentira todo lo que habíamos creído, sino que ya lo era desde siempre (aunque hasta entonces había podido disimularse), y precisamente por haber actuado conforme a creencias falsas había pasado lo que había pasado.

Lo que resulta es que no éramos ciudadanos, sino súbditos a los que se adulaba con toda clase de zalamerías. Y no debería sorprender la mansedumbre con la que el súbdito adulado suele responder a los acontecimientos. Quien haya seguido de cerca, por ejemplo, la violenta adaptación de la Universidad pública al mercado ejecutada en los últimos años habrá visto que entre muchos estudiantes y entre casi todos los profesores ha calado muy hondo la servidumbre voluntaria más entusiasta. Igual que en la Universidad muy pocos han rechistado ante su desmantelamiento mercantil, también en la sociedad se impondrá sin grandes contratiempos el culto a la competitividad y a la innovación permanente. 

Pero lo que ahora se nos solicita no es, sin más, que nos olvidemos de todos los halagos pasados y aceptemos nuestra condición subalterna, sino que neguemos de palabra lo que admitimos de obra, que no reconozcamos que el orden democrático ha sido subvertido y que actuemos como si los verdaderos agentes políticos siguiéramos siendo nosotros. Es de capital importancia que, aunque en la práctica nada vaya a ser como antes, se mantenga una ideología consolatoria lo más parecida posible a la que nos tenía adormecidos.
Por desgracia, quizá el discurso predominante entre los indignados de estas semanas no desmienta del todo las anteriores expectativas. En gran medida, se trata de una protesta por la mala prestación de los servicios que se tenían contratados, y así se exigirá una solución como quien pide el libro de reclamaciones para demandar más eficiencia. El ciudadano advierte una violación de su derecho a no variar de hábitos de consumo, y reacciona de la manera en que había sido adiestrado: utilizando sus redes sociales y sacando todo el partido posible del Internet y del teléfono móvil ("mi teléfono es un arma", decía un indignado estos días de atrás). El acampado es un usuario modelo de las nuevas tecnologías, y el aumento de la indignación será un factor de recuperación económica si se sabe canalizar con inteligencia: "Indignaos y marcad" podría ser un eslogan perfecto en la temporada próxima para cualquier compañía de telecomunicaciones. Depuradas de algunos excesos doctrinales, las movilizaciones de estos días se tomarán probablemente como un elemento regenerador y un saludable acicate: una muestra, algo intemperante, pero positiva a la larga, del dinamismo de la sociedad civil y de la vitalidad de la juventud.

Puede que la agitación social en curso sea un magnífico placebo: aunque ya no somos ciudadanos (ni en verdad lo fuimos nunca), vamos a hacer como si todavía lo fuéramos (o como si lo hubiésemos sido siempre). Pero precisamente ese efecto es el que se necesitaba para restablecer la ideología del súbdito adulado: movilízate y comprueba que la sociedad en la que vives se hará eco de tus inquietudes. Hay un derecho que no te quitará nunca y que para mucha gente es el más valioso de todos: el derecho a ser parte del espectáculo.

El presente estado de crisis económica es en su esencia un hecho político o, mejor dicho, antipolítico: una ocasión máximamente afortunada para extender la lógica del mercado a la totalidad de la vida, sin dejar resquicio alguno fuera. Frente a ello, la única resistencia concebible estribaría en mostrar que no estamos dispuestos a vivir de ese modo. Pero tal declaración no sería cierta, porque la existencia hiperactiva, acelerada y trepidante, la gestión total de la vida y la esclavitud voluntaria tienen para el hombre moderno, como desde antiguo se sabe, un atractivo irresistible.


Antonio Valdecantos es catedrático de Filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro publicado es La fábrica del bien.

20/6/11

Saliendo del corral. Contra el borreguismo: cabreo constructivo

¿Desde cuándo la Élite se cree que son los borregos los que deciden la programación televisiva y por ende otras muchas cosas?

¡Desde nunca! Que en las últimas semanas se ha llorado en España la muerte o desaparición de un canal de televisión y su supuesto prestigioso periodismo presentándonos como alternativa más lógica y razonable el programa bazofia de Gran Hermano debido a que las audiencias mandan, es otra de las tremendas patrañas con las que nos venden el mundo al revés.

EL MUNDO AL REVÉS

Volvamos a las clases de matemáticas básicas. Los borregos en la base de la pirámide, no mandan, son mandados. Luego, si el Gran Hermano suplanta un programa de televisión no es porque el borrego manda, sino porque arriba, se quiere que el borrego siga siendo borrego. He ahí la cuestión.

Por desgracia, al borrego no se le ha enseñado a pensar, a discriminar, a discernir absolutamente nada, porque forma parte de la estrategia de dominación que lleva siglos implantada en este mundo y que amenaza con llevarnos a todos a la hecatombe a no ser que precisamente ese borrego, deje de serlo.

Fabricar un borrego lleva su tiempo y es una tarea multidisciplinar. Interviene la educación, la familia, la iglesia, la salud, el ejército, la burocracia, los mercados, incluido el laboral etc, etc etc… Es un ataque gradual limando todo cuanto en el borrego pueda recordarle su verdadera y auténtica esencia.

Y cuando el borrego, por naturaleza propia, comienza a despertar a su auténtico ser, el sistema, le estruja y exprime en cientos de vueltas de tuerca hasta tal punto que antes de hacerle mirar con el dedo inquisidor y acusador hacia la mano que le da de comer, le hace destruir a sus semejantes, a los demás borregos mediante la vieja táctica del “divide y vencerás”. Esta estrategia cutre la vemos fuertemente implantada en la falsa guerra de sexos, que divide a hombres y mujeres impidiendo la logica e intuitiva complementareidad y unicidad. La vemos en la guerra entre profesiones, entre religiones, entre etnias raciales, entre edades, entre condiciones personales de todo tipo… Es una estrategia tan burda y sin embargo hasta ahora tan efectiva que todavía hoy seguimos muriendo por ella.

Lo que en estos momentos presenciamos en España y que probablemente se agudice en los próximos meses es un tremendo descontento y cabreo, irónicamente fomentado para eso mismo, para que el borrego vuelva a perderse, esta vez en la ira y la rabia, incapaz de canalizar esa energía constructivamente hacia obrar de forma tal que colectivamente dejemos de ser borregos.

Tiempos cruciales en los que se llamará a filas a aquellos borregos que dejaron de serlo y que en silencio han recobrado su cordura. Les tocará, nos tocará ayudar al hermano borrego no sólo a dejar de serlo sino a recobrar su libertad y su espíritu para deshacer esa pirámide sofocante con un sencillo paso: simplemente saliendo de la partida, dando un paso fuera de ese tablero blanco y negro sobre el cuál se ha jugado con nuestra existencia y la de la tierra desde hace demasiado tiempo.


http://liberacionahora.wordpress.com

19/6/11

when you are in a hole, stop diggin´

"¡El Estado no es una plantación de intereses de capital foráneo!. El capital no es el dueño del Estado, sino su sirviente. Por esto, el Estado no puede depender de los préstamos de capital extranjero.
Y si se cree que esto no puede evitarse, entonces, no es de extrañar si nadie está dispuesto a dar su vida por este Estado. Esta gran injusticia [los préstamos de capital extranjero], que hoy aún pesa sobre el trabajador honesto,debe corregirse.

Esta internacionalización de la economía [...] es en último término también la mayor desgracia para el trabajador [...]. La pauperización de la economía [...] condujo a la contracción de deudas, y la contracción de deudas conduce al empeño. Por último puede finalmente ser empeñada aún la fuerza de trabajo [...] de 60 millones de seres humanos. Estos trabajan de ese modo, bajo vigilancia foránea, bajo administración foránea.

Por la internacionalización de la Nación misma finalmente un pueblo deja de ser el dueño de su propio destino. Se convierte en juguete de potencias foráneas. ¿Es esto ahora una revolución popular, es una estructura tal un Estado popular? No, esto es el paraíso del judío.

Lo que necesitamos para un verdadero Estado popular es: una reforma agraria. En su tiempo no nos hemos adherido a la reforma agraria de [...], porque la subdivisión de la tierra sola no puede traer alivio. Las condiciones de vida de una Nación en último término son mejoradas únicamente por la voluntad política de expansión. En ello consiste la esencia de una reforma sana.

Pero lo que debemos exigir es que la tierra no se convierta en objeto de especulación. Propiedad privada puede ser únicamente lo que un ser humano ha adquirido mediante el trabajo. Pero un producto de la naturaleza no es una propiedad privada, es una propiedad nacional. La tierra no es, por consiguiente, objeto de usura.

[...] Lo que también es necesario, es una modificación de la educación. Sufrimos hoy de una supereducación. Se aprecia sólo el saber. Los sabihondos son sin embargo son enemigos de la acción. Lo que necesitamos es instinto y voluntad. Ambos la mayoría los han perdido por su “educación”. Tenemos, por cierto, una capa de elevado nivel intelectual: pero es pobre en energía. Si no nos hubiéramos alejado tanto por la sobreestimación del saber mecánico del sentir popular, el judío nunca hubiera podido encontrar así el camino a nuestro pueblo. Lo que necesitamos es la posibilidad de un nuevo y permanente crecimiento de conductores espirituales que surjan del pueblo.[...]

[...]Es una falta de ética y de carácter ser pacifista. Porque, bien que acepta para sí la ayuda de otros, pero él mismo no quiere ejercer la auto-afirmación. En un pueblo sucede lo propio. Un pueblo que no está dispuesto a defenderse, es falto de carácter. Esto es lo que debemos conquistar de nuevo para nuestro pueblo como uno de los principios más elementales: hombre sólo es aquel que como hombre también se defiende y resiste, y un pueblo sólo es el que está dispuesto, de ser necesario, a entrar como pueblo al campo de batalla. Esto no es militarismo, sino auto-conservación. [...]"



Adolfo H., algunos extractos [sesgados] de sus discursos de 1923