29/12/11

Púas de acero - capítulo II

2.

La ciudad ardía, el asfalto ardía, los cristales de coches y autobuses... todo bullía de actividad y movimiento. Sorenzo pegaba con guantes de plomo tras una cortina opaca y delgada de humedad mientras cruzábamos la gran avenida con nuestras bolsas de provisiones en dirección a la estación de autobuses. El camino fue espléndido, íbamos contentos como tres jazmincillos y nos hicimos la avenida en lo que dura una bolsa de patatas. Un poco antes de llegar a la estación de autobús, nos detuvimos en un semáforo y escudriñé a la gente de la acera de enfrente. Me dio por pensar que éramos dos grupos de manifestantes que esperaban luz verde para darse de mamporros, pero un rostro llamó mi atención. No podía ser. Iba a cruzarme con una compañera de clase. Un montón de pensamientos miedosos se agolparon en mi cabeza. Pues claro, idiota, claro que no es fin de semana. Ostias con vino, la verdad es que había perdido la costumbre de andar con el calendario a cuestas. Hacía más de dos meses que no aparecía por clase antes del mediodía y aquello no iba a ser una excepción. De hecho, viendo a dónde me dirigía, seguro que no aparecería en toda la semana. Es martes, tío, es martes. El muñequito verde apareció finalmente y provocó en todo el mundo un movimiento sincronizado que ya lo quisieran para sí lo mejores coreógrafos, y me vi avanzando sin quererlo, empujado contra mi voluntad hacia Candela por una masa difusa de peatones vivientes, y sin poder apartar la mirada de ella por un absurdo temor a ser visto. Sin saber cómo, hice una especie de paso de salón con girabuzón y me oculté tras un grueso señor que hacía como que leía el periódico.
Obstáculo superado ¿Qué clase tocaría a aquella hora? A ver... ¡ah sí! Termidiología. Nada serio, nada importante, nada interesante. Otro cantar será, pensé, recuperar los apuntes retrasados. Pero no era aquel el momento de preocuparse por eso.

En el andén de la estación comimos y fumamos. El día era espléndido, sí, seguía siendo espléndido. Al menos esa era mi sensación tras verme rescatado de un día que se preveía agobiantemente similar a otros de la misma semana y colocado allí, sin masticarlo ni beberlo, a punto de hacer un viaje. Ya se notaba el ambiente en la estación, pues cada vez iba llegando más gente que se dirigía al pequeño pueblo de la Alpujarra donde se celebraba ya la gran festividad del dragón, ese inmenso ser que llega sobrevolando las montañas con miles de flores en su boca.
Apuramos el momento sobremesa antes de la llamada megafónica con un café y una antorcha:
- Creo que echaré de menos todo esto cuando me vaya de aquí- dije.
- Te refieres a la ciudad, a la fiesta, a nosotros...- respondió Gregorio mientras hacía una rana con una servilleta de papel.
- ¿A vosotros? ¡Já! Bien sabéis que las más de las veces se trata de interés y no de amistad.
- Ya, pero a través de las situaciones que se van creando por nuestras relaciones de interés se va creando un vínculo. ¿Acaso crees que no te acordarás de nosotros con una sonrisa cuando recuerdes esos paseos al polígono en busca de rascapino?
- Te concedo que en las situaciones en las que existe un riesgo es cuando se sienten y se valoran más los vínculos...
- O esos momentos de reunión en torno a una guitarra y unos litros en la terraza cantando al amparo del atardecer...
- Puede ser cansino...
- Tenemo gusto en común y loh compartimoh, no he trata zolamente de interéh, eh tu mente retorcía y pehimihta la que habla por esa sucia lengua...
- Sí, mi idiosincracia se gesta directamente a partir de un sentimiento de misantropíaque...
- Pero pisha, ¿que te crees? Yo soy como tú...
- Pues no lo parece... con el descaro ese que caracteriza... será que tus estudios de psicología te hacen más fuerte por el hecho de conocer más la mente humana... por cierto, a ver cuando me haces ese test...
- Argún día...
- Las drogas, ellas mismas son un test, actúan directamente sobre el subconsciente y sacan a relucir nuestra parte más escondida, la que no mostramos en el día a día, porque para sobrevivir se requiere otra cosa, todos nos refugiamos en la convención y en la norma social... – intervino Jan con astucia.
- Salvo en eventos como este... que son como la excepción que reniega la regla...
- ¿Qué confirma la norma quieres decir?
- Hablando de reglas... ¿habéis visto la...?
- Acábate ezo pisha, que noh vamoh...

El autobús hizo una entrada providencial y majestuosa y después de soltar ese suspiro de aire tan propio de ellos, como de un mastodonte cansado, nos dispusimos a montar. Sentí una gran descarga de adrenalina. Jan y yo no teníamos mucha idea de qué iba aquel asunto... y eso no tenía precio.
Delante mío subía las escalerillas una chavala menuda, con una faldita roja a cuadros tipo escocesa y unas coletas que quitaban el sueño. Aquello tampoco tenía precio. Mi imaginación trotaba ya por esos muslos inmensos hasta llegar a dos grandes glúteos sonrosados y firmes, o eso suponía yo. Ya notaba los primeros efectos de la sustancia, pero decidí que era demasiado pronto para dar rienda suelta al macetero, aunque, bien pensado, eso era prácticamente imposible.
Una vez dentro, echamos un rápido vistazo a los pasajeros del autobús. Entre los cabezales mugrientos se divisaban crestas de colores, rastas, vestimentas desgarradas, posturas inconformistas... Comenzamos a andar por el pasillo hasta que el arranque del autobús nos engulló hasta los asientos de atrás entre conversaciones, risas, piernas y bolsas. Yo me sentía como pez fuera del agua, pero era cuestión de dejarse llevar por aquel ambiente distendido y optimista.
Tras media hora de viaje, el autobús empezó a inclinarse poco a poco, gradualmente, hasta que emprendió la verdadera pendiente que nos conduciría a nuestro destino. “¡Ya no hay vuelta atrás!”

De pequeño hice un viaje a través de la Alpujarra. Hasta este viaje no recordaba gran cosa, pero reconocí de inmediato las carreteras sinuosas que recorrían las montañas de Sierra Nevada entre pueblos de casas blancas y restaurantes al viejo estilo andaluz con especialidades de la región, aquellos misteriosos bosques que se perdían a ambos lados de la carretera, las hileras de chumberas que crecían desordenadas en las laderas...
Y de nuevo me impresionó la cualidad de la luz a aquellas alturas. Todo parecía nuevo y celestial. En la radio sonaba una canción sobre el tomate y el meneo que estropeó un poco aquel exuberante paisaje que pasaba a gran velocidad como un powerpoint acelerado de la infancia. En realidad, si tuviera que sonar algo que acompañara a aquella estampa con algo de gracia, no habría venido mal alguna tonalidad clásica, un clavicordio Bachiano supersónico, pongamos, encabezando esta sarabanda de huertos floridos y cortijos escondidos que se alternaban entre senderos, pinos, fuentes y las retorcidas callejuelas de los pueblos.
Volvió a mí la despreocupación, auspiciada por el bello pero efímero despertar que entraña viajar a otro lugar, lejos de donde la ciudad sedentaria, lejos de donde los humanos echamos el ancla hasta que encallamos casi sin quererlo. Me acomodé en el asiento y noté la resaca de la noche anterior evaporándose y convirtiéndose en un dulce apoltronamiento; y salivé como un jabalí ante la idea de un fin de semana prometedor.

Al otro lado del pasillo Jan y Gregorio hablaban y reían. Al principio les escuchaba mientras miraba por la ventana:

- Er truco der cashiruco ehtá en estudiar por la noshe con er flexo, cuando todo está en calma y todos duermen.
- Ya, pero eso no está bien-.
- Que no está bien er qué-.
- Hacer eso. No es bueno para el cuerpo picha. La vigilia nocturna es el principio del desequilibrio. La digestión se altera, el corazón se vuelve nocturno...
- Ezo eh farándula pisha. Tú orvídate de loh libroh... Centrarce, hacerse un café o un té, y luego vah poco a poco, párrafo por párrafo, concepto por concepto...
- ... pero es un hábito que te arrastra...
- y con tres zubrayadores dihtinto pa no canzarte la vihta...
- ... porque el otro día, en una fiesta el Regis...
- ... y escushando ar Rancapino de fondo cantando un jondo...
- ... me senté encima de una bandeja donde habían preparado precisamente...

Poco a poco me dejé mecer por las caricias de la suspensión del autobús y los susurros de los compis, y no tardé en caer rendido y babeante a un sueño que, de alguna manera, no debió acabar del todo horas antes y reclamaba una oportunidad...

rey diamante




The spirit of the candle :

Theme: Mike

"My mother was obsessed by evil jealousy
She didn't want nobody to even look at Molly
She kept me locked up in this attic 'till I died
Only 4 years old, my story left untold"
Oh Molly...oh Molly

"Mother was struck by this infallible idea
If she could paint my portrait I would remain immortal
And I could hang downstairs above the fireplace
A little girl in lace, not a single trace of crime"

Solo: Andy

"Each day and night she worked and autumn turned to spring
For every stroke she painted a little life was ended
At last I felt so weak I could not even speak
But in that fatal portrait my spirit came to life again"

Oh Molly

Solo: Mike - theme: Mike

"That night I made the portrait speak in evil tongue:
You're gonna go beyond too, may pain and death bestow you
She grabbed a book and spoke aloud an ancient rhyme
While she burned the portrait in the candle of fate"
Oh Molly

"I've gotta see ma"

28/12/11

Adrián: Hace unas semanas empecé una relación con una chica. El problema es que soy de Barcelona y ella de Sevilla, ninguno de los dos tenemos dinero para desplazarnos. ¿Qué puedo hacer por la relación?

Querido Adrián:

¿Cómo demonios comenzó esta relación con cada uno en una ciudad, si no tenéis dinero para ir a la del otro? Por internet, seguro. Pues ya vas mal, porque seguro que la chica es un señor mayor, que lo sepas. Pero bueno, en cualquier caso, si quieres salvar esta pareja aún podrías tener una oportunidad. Es remota, y no estoy seguro de que aún funcione, pero puedes intentar un método no demasiado conocido.

Como recordarás, en el año 1992 se celebraron simultáneamente dos eventos importantes de carácter internacional en las dos ciudades, las Olimpiadas en Barcelona y la Exposición Universal en Sevilla. Cuando ocurre esto en un mismo país, a veces se crean puentes espacio-temporales que unen los dos sitios. En el caso que nos ocupa, los dos vórtices están situados en dos puntos concretos. En Barcelona, el nodo está ubicado en el pebetero del Estadio Olímpico, y en Sevilla, en el centro de la bola climática. En teoría, es posible unir los dos puntos para usarlos como polos cuánticos a través de los cuales teletransportar materia. Se cuenta que en aquellos días se usaba para trasladar a la familia real de Barcelona a Sevilla y viceversa. Ellos son la prueba viviente de que el sistema funciona perfectamente y que su uso no deja ningún tipo de secuela psíquica o física.

¿Cómo activar el puente? Bien, funciona un poco como el de la película Terminator. Os debéis situar a la vez en cada uno de estos puntos. Os debéis colocar en los nodos siempre desnudos, con los brazos en cruz, las piernas abiertas y sujetando una reproducción de la mascota de cada evento, Cobi en Barcelona y Curro en Sevilla. No podéis sujetarlo con las manos, que deben estar extendidas, ni con la boca, ya que es necesario que pronunciéis un conjuro de activación. Sujetar a Curro es más fácil, como ya intuirás. Una vez en esta posición gritad la siguiente frase: “Guardia Urbana, no tenéis cojones de venir a por mí”. Hacedlo las veces que haga falta, hasta que se active el puente cuántico y uno de los dos se desplace a la posición del otro. No puedo asegurar cuál de los dos será el que salte a la posición del otro, creo que depende de quien tenga el peluche mejor metido en el culo.

Suerte y ya me dirás cómo ha ido. Bueno, no hace falta, ya lo leeré en el diario.

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Juan Poveda: Tengo que ir a trabajar con camisa y corbata, y no tengo ni idea de cómo se hace eso que llaman “ir conjuntado”. ¿Qué puedo hacer al respecto?

Querido Juan:

Vaya putadón lo de tener que ir vestido con traje al trabajo. Es bastante incómodo, aunque si lo piensas también tiene sus ventajas, como por ejemplo, la facilidad que ofrece para ahorcarse de forma rápida. A mí la gente con traje no me gusta. Siempre me ha dado bastante miedo. El traje uniformiza a las personas y les da un barniz de respetabilidad, sin importar cómo sean en realidad. Con un traje siempre cuesta más saber si son buena gente o no. El traje es el blanqueo de dinero de los seres humanos. Por esta razón, la cantidad de ladrones, incompetentes e hijos de puta es mayor bajo los trajes.

Mi padre siempre me dijo: “Desconfía de un hombre con corbata. No es un hombre, es una rata”. No es un consejo popular, pues sólo se lo he oído decir a mi padre, y es cierto que siempre ha sido una persona muy creativa inventándose dichos. Otros dichos absurdos suyos son: “Al torero y al picador, les huele la boca a flor”, “Cuando te pones moreno, en el sexo no tienes freno” y “Las lentejas con chorizo te ponen el pelo cobrizo”. Como sea, el traje es una prenda que da miedo. Piensa que en muchos países de Latinoamérica le llaman “saco”, así que no te extrañe que alguien vestido con saco te dé por él. En Latinoamérica saben de qué hablan, tienen una larga tradición de que gente con traje les joda la vida.

Y lo de “ir conjuntado” es imposible, así que olvídate de ello. En el mundo de la moda no hay reglas firmes. Piensa que es un sector industrial en el que cada diseñador pretende revolucionar su mundo cada temporada y poner del revés todo lo que se tenía por seguro. Además, no se descarta que estas personas consuman algún tipo de drogas en el ejercicio de su trabajo, de modo que no hay suelo bajo sus pies. Todo en la vestimenta tiene justificación. Dos estilistas distintos podrían pasar horas defendiendo y atacando tu estilo en el vestir (al que se refieren a veces con la palabra que más rabia da del mundo: “look”) con total vehemencia. Te puedes vestir como un payaso del Cirque du Soleil o con el traje con el que acudiste a la boda de tu prima en el año 85 (que en este caso es más o menos lo mismo) y justificarlo perfectamente con criterios estéticos dispares. En tu caso, al único a quien tienes que tener contento es a tu jefe, el mayor cabronazo con traje que encontrarás cerca, y el único que te puede despedir si cree que no “vas conjuntado”. Si a él le parece bien como vas, perfecto. Fíjate como se viste e imítalo. Ya está.

Un cordial saludo (como ves me despido con frialdad, porque desconfío de ti, hombre del saco)



Berto Romero

24/12/11

en Navidad.... Ciorán

- Si j´étais Dieu, je me ferais n`importe quoi, sauf homme. Comme Jésus serait grand s´il était un peu plus misanthrope!


- Il est des régards feminins qui ont quelque chose de la perfection triste d´un sonnet.


- Un homme ennuyeux est un homme incapable de s`ennuyer.


- Dieu pardonnerai-t-il à l´homme d´avoir poussé si loin son humanité? Comprenda-t-il que ne plus être homme est le phénomène central de l´expérience humaine?


- Personne ne peut savoir s´il est croyant ou non.



Cioran



- ¿Todo va bien? Entonces, algo va mal.



Panadero de la calle Bernabé





Feliz Navidad (.....)

21/12/11

HARF (Herramienta de Abertura Rústica de la Faringe)


Saludos. Hoy presentamos ante ustedes un utensilio que revolucionará el mundo de la medicina: el Depresor Lingual o Herramienta de Abertura Rústica de la Faringe (HARF).

HARF ha sido diseñado para cubrir la creciente necesidad de exploración faríngea que existe en nuestras sociedades modernas. El tabaquismo, el abuso de bebidas frías, el actual cambio climático y el aumento del precio de las bufandas han disparado el número de personas que, cada día, acuden a su médico de cabecera con problemas de garganta. Como bien es sabido, la exploración faríngea consiste en abrir la boca ostensiblemente, permitiendo así que el profesional examine la zona afectada. Hasta ahora, la técnica empleada por los médicos consistía en sentar al paciente y hacerle ver una película entera de Isabel Coixet; el consecuente bostezo servía para lograr una abertura de la boca total, haciendo posible el examen y posterior diagnóstico. Esta técnica, conocida en la comunidad médica como TIC (Tedio por Isabel Coixet), pronto será cosa del pasado.

HARF es una herramienta de sencillo manejo y muy versátil. No requiere conexión a la toma eléctrica, es extremadamente ligero y permite un uso directo y efectivo. Al tratarse de una herramienta aplicada a la cavidad bucal, cada HARF será personal e intransferible; en otras palabras, se utilizará uno por cada paciente. Por eso, su presentación en el mercado será en forma de cajitas de 40 unidades a un precio muy razonable, lo que lo convierte en uno de los mejores instrumentos médicos desechables que existen a día de hoy. En los próximos meses anunciaremos también una versión en acero inoxidable: cada profesional podrá emplear uno por cada 30 pacientes, solucionando así esos engorrosos problemas de espacio que puede crear una cajita en la consulta del médico.

HARF tiene forma de espátula y mide 15 cm de largo y 2 cm de ancho. Está hecho enteramente de madera natural (sin barnizar, así evitamos el riesgo de envenenamiento) y sus bordes son redondeados. Debido a esto, puede ser empleado con facilidad para deprimir la lengua del paciente mientras este abre la boca. Así ahorramos esfuerzo a la persona atendida y hacemos de la exploración faríngea una práctica activa, en la que el médico tiene el control. HARF debe manejarse con gran cuidado: una presión excesiva en la lengua, o una excesiva inserción del instrumento, puede hacer que el paciente presente arcadas. En principio, este hecho hace que HARF y TIC sean indiferenciables; no obstante, esta reacción tan poco deseada puede evitarse retirando la herramienta de la cavidad bucal y volviendo a empezar el proceso. Además, como veremos a continuación, incluso esta reacción por mal uso es aprovechable.

La versatilidad de HARF va mucho más allá de la exploración en trastornos de garganta: también puede utilizarse como inductor del vómito (si fuera necesario), para examen de párpados, para aplicar medicamentos a modo de espátula, para manejar muestras de laboratorio e incluso para inmovilizar fracturas o luxaciones de los dedos de las manos.
También proponemos su uso en odontología pediátrica, como instrumento para ejercicios con el fin de corregir la mordida cruzada anterior de la dentición inicial. Su aplicación no se limita a un uso en humanos: también pasará a ser una herramienta de primera necesidad en las clínicas veterinarias. Para los más golosos, es importante mencionar que puede usarse también para hacer helados caseros en el congelador de nuestra propia casa; la forma de hacer esto es completamente libre, aunque nosotros recomendamos hacerlo antes de usarlo como instrumento de exploración faríngea.
HARF es una herramienta creada para responder a una necesidad, por eso tendrá éxito. Muy pronto formará parte de la práctica de todo profesional sanitario y acabará siendo, incluso, un elemento imprescindible en el botiquín de todas las casas”, asegura Hans E. Stafanov, especialista de la faringe y otros conductos del hospital universitario Universitätsklinikum de Erlangen, Alemania.

Por todo esto, creemos que HARF es un invento sin duda necesario, que hará de la relación médico-paciente una experiencia mucho más positiva.

20/12/11

clamo

Silente está el coloso
en permanente bruma,
tras un manto de nubles insondables.

Merluzo poderoso,
fiera tranquila, un puma
portentoso de profundas
y formidables invenciones,
breves como rayos a veces,
pero certeras como flechas
de oro.

Quebrando el horizonte,
con ardiente fervor
infundes el horror
tú, en esta convención,
que sin ti renquea.

Vómitos de ceniza limpia
despiertan serenas sonrisas
en el hombre esperanzado.
Bello y terrible, en suma,
¿tus entradas se antojan terminadas?.

Si despiertas furioso,
vuelve a coger la pluma
y corteja a las almas impresionables.
Las formas espectables
de tu pétrea sintaxis
y efecto demoledor,
en luz del albor
dan aspecto de un laxo mastodonte.

Nuestro asombro entrará de nuevo en liza
con sensata cautela y sana risa...esto te pido:

¡Mece la niebla que te cubre por ahora,
escucha mi clamor y acaricia este pez
que muere sin la lava
que tu corazón bombeaba!
¡Al menos una vez, una vez cada eternidad...!
¡Que crujan tus paredes y laderas
al menos una vez, te ruego, cada mil milenios,
una sola vez cada cientos de eras!

Cet impensable que tu appelles Dieu



You can be all you desire
An honest man - a vicious liar
Seek out the Light or seek the Dark

You can honor or desecrate
Sympathize or manipulate
Carved in your flesh - embrace the Mark

Enslaved and hypnotized -
Chained to artificial lives
You are the Bastards of the Machine
The Bastards of the Machine

Be a saint for those in need
Or spin them webs of lust and greed,
Yeah, you've restored my dying faith

With a kiss of death - a last farewell
Hand in hand, through the Gates of Hell
You'll pay the price for the choice you make

I see your demons rise -
Deep within your burning eyes
You are the Bastards of the Machine
The Bastards of the Machine

The Bastards of the Machine
The Bastards of the Machine


je savais bien bébé que c'était pas simple
que j'étais couard c'est vrai et plein d'absinthe
qu'il était tard je sais quand vint ta plainte
mais qu'à moi comparée t'étais une sainte
je savais bien bébé que t'étais trop belle
lorsque tu t'effeuillais dans la nuit pale
jaloux du moindre pd, du moindre cheval
que tu montais bébé j'avais trop mal
kétamine et cachets de gardénal
je te mens pas bébé je te trouvais sale
j'étais noue, j'avais un goût de sel
le bonheur s'use c'est vrai des qu'on l'appelle
je savais bien bébé que tu étais d'équerre
et de la tête aux pieds black et decker
tu avais la flamme sacrée et des converses
tu étais ma femme rêvée, ma fille de perse

j'avais sans doute trop d'amour en moi
tu étais sans doute beaucoup trop belle pour moi
j'étais jaloux de tout
jaloux de tout

je savais bien bébé que tu étais fatale
que tu allais déclencher l'assaut final
j'aurais du m'épancher passer à table
mais j'étais dépassé et lamentable
j'ai rien compris bébé, j'ai vu le mal
partout de tous cotés, lu ton journal
partout j'avais des points de côtés, des sueurs froides
sitôt qu'un étranger semblait affable
je me sentais laid, ouais, et incurable
que je sois sobre, grisé, cuit comme un râble
et j'étais comme froisse et comme maussade
sitôt que tu parlais aux autres à table
je savais bien bébé que c'était la guerre
tu.devais moins m'aimer, moins que naguère
tu étais la plus belle des filles de la terre
tu oublieras mes baisers, mais pas l'enfer

j'avais sans doute trop d'amour en moi
tu étais sans doute beaucoup trop belle pour moi
j'étais jaloux de tout
jaloux de tout
jaloux de tout
j'étais jaloux de tout
jaloux de tout

tu disais souvent
je vais te perdre un jour
je répondais tout le temps
tu dis n'importe quoi comme toujours
tu disais parfois
tu dis que du vent
je répondais toujours
tu dis n'importe quoi comme souvent
avant
avant
tu disais aussi
tu vas t'en aller
je répondais jamais
toi, tu ne m'en voulais jamais
puis tu disais mon grand
refais-moi l'amour
je répondais jamais vraiment
mais on refaisait l'amour souvent
avant

je savais bien bébé que c'était morose
qu'on avait sous le pied comme une rose
qu'on faisait moins c'est vrai la chose
que j'avais tant laissé, dés ecchymoses
tu auras compris bébé que je m'en veux
qu'en plus de tout gâcher, j'ai donné peu
j'avais un pull rayé hedi slimane
tu étais ma vie rêvée, ma première dame

18/12/11

frutis

Púas de Acero (capítulo 1)




1.
Aquella mañana desperté, como no podía ser de otro modo, y permanecí tumbado con las manos en la nuca durante un buen rato saboreando los breves minutos en que tarda la sangre en repartirse. En esos momentos somos realmente de lo más vulnerables, pensé, casi no vemos ni escuchamos, no sentimos ni pensamos, todo nuestro ser es un saco lleno de hormigas que nos impiden movernos. Sentí la boca pastosa y el cerebro palpitando y golpeándome el cráneo. Me esforcé en recordar qué habíamos estado haciendo la noche anterior. CONSOLA, GUSANITOS, BEBIDA FRÍA. Vale, estupendo. Observé con detenimiento la perfecta rectitud de los ángulos de las cuatro esquinas del techo, por mirar algo, ya que estaba panza arriba, hasta que bajé la vista y me topé con la imagen de la virgen ciega.
Algo de susto me dio, aunque ya estaba acostumbrado a verla cada mañana. Sin embargo, a veces descubría cosas nuevas en ella. Sus colores suaves le daban un aire y un candor de devoción a aquella escena en la que una señora con una túnica negra miraba a ese bebé con cara de piraña, preguntándose cómo hubo de ocurrir aquella materialización por medio del espíritu santo, pues ella no parecía acordarse de nada.
Ese cuadro, mi abuela siempre lo había guardado en su armario y nunca entendí por qué razón lo tenía allí olvidado junto a esos cachivaches tan típicos de las abuelas como perfumes y colonias, una cajita de latón con los enseres del coser, estampitas, fotos, joyas... y justo el día antes de comenzar mi nuevo periplo en la universidad, se me ocurrió pasarme por su habitación. Obviamente, no era el cuadro lo que iba buscando sino un bolsito donde ella guardaba solamente monedas de cincuenta céntimos. Yo a mi abuela siempre le he tenido mucho cariño, no se vaya a creer usted, pero era cuestión de hacerse con una paga anticipada, era un ahora o un nunca, y a mí eso del nunca, es una palabra que nunca me ha gustado usar.

Así pues, el plan consistía en agarrar unas pocas monedas del bolsito en cuestión, el cual guardaba con mimo la abuela en el último cajón a la derecha. Aproveché que no había moros en la costa y, cual tejón hambriento, llegué al monedero objeto de mi deseo. Nunca llegué a abrirlo. Su peso hablaba por sí solo. Digamos que no valía precisamente en oro. Nada, no había nada, solo pelusa. Y entonces vi el cuadro apoyado en el fondo del armario, escondido entre batas y chaquetillas de punto. Debí pensar que no quedaría nada mal en mi nuevo piso, tan vulnerables y desnudas estaban sus paredes en cuestión de decoración... y me lo llevé.

La primera semana ya me aburrí de él. Se me ocurrió que la culpa era del niño. Para ser el nuevo salvador, su aspecto dejaba mucho que desear. Tenía el pelo rizado y bastante crecido, y unos mofletes que daban susto. Su mirada parecía decir algo así como “¿comorl?” Además, alguien debió derramar sobre él algo de café o un líquido similar, porque todo el rostro del niño estaba difuminado con una mancha negruzca como si hubieran restregado a fondo para limpiarlo a toda prisa, provocando justamente lo contrario. Entonces, un día supe que la mirada turbada de la virgen podía deberse también al hecho de haber concebido a esa cosa tan fea que sostenía entre sus brazos. Recuerdo que agarré las tijeras de cortar las uñas y, en un acto de iconoclastia y buen gusto, le recorté lo ojos a esa señora que tanta lástima me inspiraba. Aunque, ahora que lo pienso, también podía haberle cortado la cabeza al niño...
No en vano, la cosa mejoró bastante. A mí me gustaba más, desde luego. Y es que, desde aquel momento empezamos a recibir más visitas de lo normal en el piso. A menudo se formaban verdaderos círculos de debate en mi oscura habitación comentando la apariencia que había adquirido aquella pintura. Unos decían que si barroca, otros que si sucubismo, que si neorrealismo... Visto el éxito de tal representación inquietante, se me ocurrió decorar el marco con unas alas de cuervo que había recogido hacía tiempo en uno de mis paseos por el desierto de Palmería, así, para darle más efecto.

Terminé de centrifugar un poco más estos recuerdos y dejé de mirar el cuadro. Suspiré y continué paseando mis ojos por la habitación en penumbra. Sí, estaba oscuro, pero sabía que no era temprano. En realidad no hacían mucha falta las persianas en aquella cueva incrustada en lo más recóndito del piso.
El ordenador seguía encendido desde la noche anterior. Sonaba una pieza de Coltrane. Una entrada caótica de saxofón al principio de la canción dio paso al piano juguetón y replicante de Elvin Jones al que John complementaba con una desenfadada melodía a contrapunto... Mis cosas favoritas. Imaginé a Coltrane ligeramente corvado y casi estático, apenas inflando los mofletes y sin sudar una gota, extrayendo de su saxo tenor un alegre jugo de notas mientras Steve Davis movía desenfrenadamente los dedos hasta que se hacía un nudo con ellos.
Miré en dirección a la puerta y calculé que podía llegar hasta ella sin pisar el suelo, saltando por los bultos fantasmales que formaban mantas, ropa, calzado y desechos de comida rápida. Pero no iba a moverme todavía. Había aprendido a disfrutar del no hacer nada. Todavía me estaba haciendo a aquel habitáculo, no había razón para la prisa, no había razón para adelantar el irremediable momento en el que, una vez lavado y vestido, tendría que decidir en qué gastar el tiempo.
Volví al techo. Pensé en cómo demonios había acabado viviendo en aquella conejera con más polvo que aire, pero bueno, hacía ya casi cinco meses que salí del nido para emprender mi osadía universitaria y aún me agradaba observar las esquinas del techo, no estaba nada mal.
Al final logré levantarme con un esfuerzo acompañado de un crujido: los muelles del somier o mis huesos, era difícil de distinguir.
Pensé en cuándo fue mi último desayuno verdadero, ese que se toma siempre medio atontado aún a la hora en que pasa por debajo de la ventana el primer motor malhumorado del día. Ese tipo de desayunos dejaron de formar parte de mi dieta justo cuando terminé el instituto. No sabría decir muy bien qué debí hacer aquel verano para celebrar el fin de estudios, pero esa debió ser la época en la que empezaría a nacer esta propensión a la nocturnidad y la alevosía. Con esto no quiero insinuar, querido lector, que sea el sistema el que nos envilezca, no por favor, no lo crea ni por un segundo.

Este año habían abierto el Bar Baroja justo en la esquina del bloque, y eso es de agradecer en un piso de estudiantes típico como el nuestro, cuya cocina habíamos rehabilitado como invernadero para plantas diversas. “Desayunar a la hora de la comida también es un buen método para ahorrar, claro que sí”.
Me rasqué la espalda y me asaltaron pensamientos de culpa justo cuando alcancé a ver la hora en la pantalla del pc ¿Cuántas veces me había dicho que no volvería a ocurrir, que no volvería a concurrir en la oferta nocturna que aporta la noche de la ciudad? Luego pasa lo que pasa. Era un delito contra la naturaleza, pero mancillar nuestros jóvenes cuerpos seguía siendo una sabrosa novedad. Me rasqué de nuevo, esta vez el cuero cabelludo. Gesto habitual, pero no sabría decir si es que me picaba de verdad el cuerpo o lo hacía para comprobar que aún podía sentirlo como mío.

Por la ventanilla con marco de hierro que da al patio interior se oían algunas conversaciones y chirriaban cuerdas de tender, entraba olor a estofado. "Deben ser alrededor de mediodía, una hora más, una hora menos...". Una pesadez inhumana me requirió de nuevo en la cama y me tumbé boca abajo empotrando la varilla en un pliegue de sábana, preparándome para un nuevo desvanecimiento. Reincidir en la procrastinación era una demostración fehaciente de que en mí residía aún un espíritu rebelde. Todo era válido para no ser descubierto por la luz de un cegador y agobiante día de mayo.

Cuando ya me dejaba llevar por un sueñecito que parecía interesante y sin esfuerzo alguno por mi parte, sonó el timbre. Cosa rara. Y qué forma de llamar tan peculiar. Era un timbrazo alegre, sin miramientos. Entonces presentí que algo poco común estaba a punto de ocurrir. Pensé en Jan. Seguramente se habría quedado seco en algún rincón de la casa. Cuando me fui a dormir a altas horas de la madrugada me topé con él saliendo del cuarto de baño. Sea como fuere, puesto que mi cuarto estaba al final del pasillo, seguro que él estaría más cerca del contestador que yo. Esperé en silencio para escuchar su peculiar arrastre de pantufla. Nada. Contuve la respiración para escuchar mejor. El timbre volvió a sonar aún con más ímpetu, emulando la cadencia de una contraseña. Al momento, escuché una voz hosca y apática que respondía: era Jan, que había conseguido llegar al contestador. Admirable, de verdad. Después, silencio de nuevo, y creo que volví a quedarme dormido, aunque por poco tiempo: unos pasos atronadores se dirigieron a la puerta y el picaporte descendió de golpe dejando entrar una luz cegadora.

- ¡¡Levanta morza, que noh vamoh de fiehta!!- una voz grave y sospechosamente conocida me asaltó en mi guarida-.

Yo me hice la estatua, quise desaparecer, pero las sábanas salieron volando por el aire descubriendo mi cuerpo indefenso embutido en un raído pijama. Era Gregorio. No paraba de moverse de aquí para allá con una bolsa de plástico llena de tintineantes litros de cerveza. Me di media vuelta y me apretujé contra la pared haciéndome el longui. Jan, ya despierto, interrogaba de soslayo a nuestro inesperado visitante.

- Quién lo diría, hace unas horas estabas aquí con nosotros de juerga y héte fresco como una berza.
- Es que picha, este pizo tazorbe la enerhía. Ir preparándoce que noh vamoh a una rave.
- ¿Ah sí? No puedo creerlo...¿Y qué hay que llevar?- pregunté inocente.
- Tú mihmo, no hé cuánto tiempo ehtaremoh. Venga, ale brío ar zaco huezo. Noh vamoh en autobú. Pillá pahta y hacerce un bocata.
- Pero, pero, hay que ver, lo tuyo no tiene fin ¿y quiénes vamos a ir?- dijo Jan desde la cocina mientras hacía café-.

A mí siempre me gustaba regodearme en la duda, pero la pereza empezaba a desaparecer. A Jan casi se le caen las tazas en la cocina, cuya ventana daba también al patio interior:
- Ya te han llamado tus colegas del fiestorro y no has podido decir que no.
- Pero pisha, que es la fiehta de la primavera, plena naturaleza con una antorsha y hay un río y tó. ¿No te apetece pazár día en er campo y con lah shavalita? Ni penzarlo. Ir preparándohe rápido que perdemoh el autobú. Yo mientras me voy eshando un partidito ar Pro.
Algunos vecinos se asomaron al patio para ver a qué se debía semejante estruendo. Muchas veces tenía que bajar del todo la persiana para que no me vieran tumbado en la cama hecho un harapo.
“Ahora sí”, me dije, bajando de la cama con una voltereta, “es la hora de entrar en acción”.